lunes, 29 de septiembre de 2008

Interflora

Este blog tiene un lujo: los lectores y los comentaristas. Sois tan finos que hasta me ahorráis el trabajo de haceros la pelota. Copio tres mensajes recientes.

En los comentarios sobre el superpuerto de Jaizkibel, Eresfea escribió: "No sabéis cuánto he disfrutado leyendo argumentos de un lado y de otro. De verdad, es un gusto leer verdaderos intercambios de opiniones con sentido común y ganas de comprender y hacerse comprender".

Hace unos días recibí un mail de J., de Rentería, una persona humana que encuentra lomos adobados con forma de Groenlandia -yo solía ver Córcega en algunos filetes-. Pues bien, J. me contaba que seguía este blog y que le parecía "uno de los blogs que mejores comentaristas tiene" y que esos comentaristas son "de los que menos faltas ortográficas cometen".

Y unos días atrás, Mei-bi escribió: "Debes sentirte muy afortunado: unos te ofrecen higos, otros quieren cenar con tu cuadrilla y Sergio quiere quedar con la excusa de pagarte el porcentaje de tus no beneficios...".

Pues sí, me siento muy afortunado. Va por ustedes.

No es país para facebooks (2)

Ayer domingo, a media mañana, salí de casa para dar un paseo. Tenía muy reciente el texto sobre Jaizkibel y el posterior debate, así que me entraron ganas de recorrer aquellos escenarios: subí desde Lezo hasta el primer torreón, pasé por el Fuerte de Lord John, bajé en picado a Pasajes de San Juan, me acerqué a la bocana de la bahía, subí al gran semáforo de Talaia y recorrí la cresta vertiginosa sobre los acantilados de Arrokaundieta. También tenía muy reciente el relato de Eresfea sobre el encuentro tan vasco de dos montañeros.

Subía por un paso aéreo de la cresta cuando me encontré con un hombre barbudo de unos 60 años que bajaba. Se paró a saludarme, "zer, buelta bat ematen?", y me preguntó qué recorrido quería hacer. Le expliqué que estaba dando un paseo breve. "Ah, es que hay gente que quiere ir por la ruta litoral hasta Hondarribia y creen que tardarán cuatro horas. Y se tardan nueve. Habría que poner un cartel en Pasajes, para avisar".

Vi a aquel hombre tan pendiente de los paseantes que se me encendió una bombilla: "Ez zara Miguel Lujanbio izango, ezta?". El hombre se rió, sorprendido: sí, era Miguel Lujanbio.

Yo sabía que un tal Miguel Lujanbio, del Club Vasco de Camping, se había tomado la tremenda tarea de señalizar con trazos de pintura blanca y verde la ruta litoral de Jaizkibel, desde Pasajes hasta Hondarribia (veintipico kilómetros de caminata por un litoral salvaje, por un itinerario tan quebrado y tan plagado de repechones que acaba sumando 1.500 metros de desnivel: un palizón). Le dije a Miguel que estaba agradecidísimo por su trabajo. Le expliqué que yo era periodista, que la revista Euskal Herria me había encargado que recorriera toda la costa vasca a pie, desde Baiona hasta Muskiz, para escribir una guía, y que el pasado invierno había caminado desde Hondarribia hasta Pasajes siguiendo sus marcas. Le pregunté una curiosidad: cuando yo recorrí este tramo, la señal que indicaba la ruta consistía en un trazo blanco y otro verde; ahora, los dos trazos son siempre blancos (como ya me avisaron Patxi y Eresfea hace unas semanas). Las marcas de pintura para indicar rutas están homologadas: los trazos blancos y verdes se emplean para las rutas SL ("sendero local"). Así que la Federación Vasca de Montaña pidió a Miguel que, si podía ser, cambiara esos colores para no confundir a la gente. El bueno de Miguel se recorrió de nuevo todo el litoral y pintó un trazo blanco encima de cada trazo verde, durante veintipico kilómetros, de roca en roca, de tronco en tronco.

Le dije que me gustaría enviarle un ejemplar de la revista Euskal Herria y, cuando salga en diciembre, un ejemplar del libro Trekking de la costa vasca. Saqué un bolígrafo y el libro que llevaba en la mochila. Miguel escribió sus señas en la guarda de Al este del edén. Para que me entendáis los cibernautas, digamos que lo enlacé en mi (face)book. Después me dijo que había hecho un pequeño montaje de fotos de Jaizkibel, acompañadas de música, y que me daría una copia en un dvd. Mencionó algunos bares de Lezo, para saber cuál quedaba más cerca de mi casa, y yo le dije entusiasmado que sí, que podíamos quedar algún día de éstos.

-No, no -me cortó-. Yo no suelo ir por allá. Es que mi hija va a menudo a Lezo y te lo puede dejar allí mismo. Dame tu teléfono, si quieres, y te avisaré cuando lo deje en algún bar.

Nos despedimos, muy contentos los dos por habernos conocido. Y nos citamos de una manera imprecisa: ya nos encontraremos por estos caminos algún otro día...

Me acordé de Eresfea y del montañero de Gaintza con el que se ha encontrado tres veces en tres años. Pensé que le llevo ventaja, porque al primer encuentro yo ya he intercambiado las señas y el teléfono, pero también pensé que quizá pase otro par de años hasta que me cruce con Miguel. Y le copié la conclusión: lo más importante es que esta vez nos hemos presentado.

* * *

Sigo copiando a Eresfea. Esta vez, un texto que escribió hace unos meses sobre los hitos.

"En la montaña, a veces, la senda no está bien dibujada. Entonces se agradece la guía de los montoncitos de piedras, los hitos que los franceses llaman cairn.

Tengo una extraña confianza en los hitos. Aunque se desvíen de la mejor ruta, señalan el camino que otro hizo, el que tú reafirmas con tus pasos; marcan, también, la preocupación de otro por los pasos de los demás. Son montones de generosidad".

* * *


(Ya publiqué esta foto hace meses, cuando recorrí el litoral de Jaizkibel con Xabier Igoa. Esta vez, en lugar de fijaros en las habilidades acrobáticas de Xabier, mirad la marca de pintura blanca y verde que indica la ruta: es la huella generosa de Miguel Lujanbio).

jueves, 25 de septiembre de 2008

Jaizkibel en una tabla excel

La semana pasada hice cuatro escapadas en cinco días. El miércoles, paseo por el valle de Ollo:



(Más fotos de Ollo)


El jueves, paseo por Las Bardenas:



(Más fotos de Las Bardenas)

El sábado, jornada de trabajo a bordo de un velero, por los acantilados de La Galea, Sopelana, Plentzia (sí, sí, de trabajo):


El domingo, paseo por el valle del Baztán:



(Más fotos del Baztán y el Bidasoa)

La mayoría de los habitantes del mundo tendría que recorrer cientos o miles de kilómetros para encadenar paisajes tan variados como estos cuatro. Nosotros podemos visitarlos uno tras otro, en días consecutivos, incluso durmiendo todas las noches en casa. Es un privilegio en el que pocas veces reparamos. Y no nos corresponde ningún mérito. No hemos hecho nada para merecerlo.

Sí que se nos puede juzgar por una cosa: cómo cuidamos o descuidamos este pedazo de tierra que nos ha tocado. Y debemos reconocer que somos bastante buenos destrozándolo. Nuestros ríos fueron cloacas tóxicas durante décadas, convertimos las riberas en almacenes industriales, esquilmamos el mar, arrancamos los bosques para sustituirlos por extensiones de pinos insignis y eucaliptos... Eso sí: ganamos mucha pasta.

Ahora le toca al litoral de Jaizkibel, el tramo más salvaje y solitario de toda la costa vasca: acantilados de vértigo, valles profundos, calas recoletas, laberintos rocosos, rasas litorales, esculturas de arenisca erosionada... Es un paraíso tan cercano como ignorado. Y claro: ojos que no ven, excavadora que no siente. Dentro de un par de años habrán destruido buena parte de esa costa para construir un superpuerto que sustituya o complemente al puerto de la bahía de Pasajes.

Las autoridades impulsoras del proyecto miden la realidad en euros y por tanto el asunto está clarísimo: en un platillo de la balanza hay desarrollo económico (es decir: pasta, mucha pasta) y en el otro platillo sólo hay espacios como el de la siguiente foto, cuyo valor en una tabla excel es evidentemente cero.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Ardigaldu

"Algunos pastores murieron en los páramos del Oeste, por el mordisco de una serpiente o congelados por la noche, sin nadie que pudiera socorrerles. Pero muchos más sufrieron la tortura de la soledad: en América se acuñó el término vasco ardigaldua (“perdido entre las ovejas”, “ovejizado”) para referirse a quienes pasaban meses con los rebaños y después, trastornados, rehuían el contacto humano. En 1908, los vascos de Boise (Idaho) se asociaron y crearon un fondo para pagar el billete de vuelta a casa a los compañeros que enloquecían".

Es un párrafo de Amerikanuak, un capítulo del libro Los sótanos del mundo (información / compra).

En ese capítulo encontraréis historias de los pastores vascos que emigraron al Far West y de algunos personajes en particular: Dionisio Txoperena, el pastor navarro que en 2001 protagonizó una campaña de publicidad del gigante telefónico estadounidense AT&T, en la que encarnaba la soledad más radical; Joxe Mallea-Olaetxe, el profesor que recogió en un libro las inscripciones que los pastores vascos tallaron en los álamos del Oeste durante casi un siglo; y Martxel Tillous, el cura que vive en el Basque Center de San Francisco y conduce en su coche 100.000 kilómetros al año para oficiar misas, bautizos y funerales en euskera por los once estados occidentales de Estados Unidos.

* * *

Alkate jauna
. ¿Quién es el único alcalde de una ciudad capital que habla euskera? (Y que lo habla fluidamente, no valen los chapurreos). Ni el de San Sebastián, ni el de Bilbao, ni el de Vitoria, ni la de Pamplona, ni el de Bayona...: respuesta.


lunes, 22 de septiembre de 2008

Senderos estrechos


"Nos fuimos a América porque la vida aquí estaba muy difícil. Pero la de allí no resultó mucho mejor. Éramos muy jóvenes, nos daban dos mil ovejas y varios burros y nos mandaban a caminar solos por el desierto de Nevada durante dos meses. Buscábamos un árbol para dormir. Nos levantábamos a las cinco de la mañana para cocer pan, abríamos un agujero de medio metro en la tierra, lo calentábamos, hacíamos la masa y le añadíamos la levadura. En verano subíamos con los rebaños a la sierra. Era una vida muy triste. Todo el día solo: yo hablaba y yo mismo me respondía. Por suerte eso se acabó. Ahora aquí en casa se vive muy bien, mejor que en América. Nosotros hemos andado por senderos muy estrechos antes de alcanzar los caminos anchos".

Son palabras de uno de los pastores que ayer se juntaron en Elizondo. El Amerikanoen Biltzarra (reunión de americanos) homenajeó a varios cientos de pastores, casi todos baztaneses y bajonavarros, de Elizondo, Sunbilla, Aldudes, Baigorri, Esterentzubi, Ortzaize o Valcarlos, que hace cuarenta o cincuenta años emigraron a California, Nevada y Arizona. Ayer montaron en Elizondo un ardi kanpo o euskal sheep camp, con sus carretas y sus tiendas, con un cercado donde esquilaron ovejas, y varios de ellos subieron al tablado para contar sus peripecias pastoriles y para saludarse unos a otros, preferentemente en inglés y en euskera, con un poco de español y francés.





(En la foto, un hombre mira en el mapa de Arizona la localización de los sheep camps dirigidos por pastores vascos. La lista suma 36 sheep camps: los de Gin Echamendi, Juan Bautista Echamendi, Antonio Manterola, Miguel Ojaco, Pierre Poket, Gin Arriaga, Fermin Echeberria, Arganes el Largo, Auza Broders, Izidoro Otondo, Basilio Aja, Esteben Uriz, Martín Sarratea...).

Después llegó el turno de los reencuentros. Édouard, de Ortzaize, pidió el micrófono para preguntar si entre el público estaba Casimiro, de Lekarotz, con quien había compartido un sheep camp en California en 1961. No apareció. Cinco hermanos de Ituren buscaban a Antonio Telleri, de Valcarlos, 35 años después de trabajar con él en Arizona. Beltrán preguntaba por Bautista, de Arraioz. Algunos aparecían y otros no.

Estos dos de la siguiente foto sí se reencontraron: habían pastoreado juntos en 1966 y no volvieron a verse hasta ayer.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Cien mil ovejas entran en Las Bardenas

Como viene ocurriendo en los últimos 1.126 años, los pastores que bajan del Pirineo llegaron ayer con sus ovejas a las Bardenas, donde pastarán hasta principios de mayo.

Encontramos a José Antonio, el penúltimo trashumante, y charlamos un rato con él. Recordaba al detalle el día en que aparecimos con la vespa por las Bardenas y le conocimos, hace dos años.

Aquí van cuatro fotos (la segunda merece un clic) y un fragmento de conversación captados ayer a las ocho de la mañana, en El Paso, durante la entrada de los rebaños.








El fragmento: "Yo me fui a Pamplona en el año 71, y en estos 33 años (sic) no les he envidiado nunca nada. Que andan ahogados, que no tienen tiempo ni para ir a una boda".

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