miércoles, 25 de junio de 2008

La costa vasca a pie


"La costa vasca traza un arco de 225 kilómetros, una especie de cuenco en el que se recogen las últimas olas del Golfo de Vizcaya. Aquí termina de romper el océano, ese elemento caprichoso que a veces acaricia y a veces golpea, que alimenta pero hiere, que abre una ruta a la fortuna y otra a la desgracia.

Los vascos, como tantos otros pueblos, tuvieron que aprender a manejarse con el mar, a conocerlo y a hacer tratos arriesgados con él. Desde los habitantes prehistóricos, que descifraron las respiraciones del océano y aprovechaban las mareas bajas para recolectar marisco, hasta los marinos que se embarcaron en las prodigiosas expediciones a Terranova, cientos de generaciones se empeñaron en dominar las aguas. El hombre de Jaizkibel, hace 8.000 años, ya se aventuraba un par de kilómetros mar adentro para pescar. Sus descendientes siguieron explorando la costa: las calas, los peñascos, las corrientes, los oleajes. Los romanos establecieron rutas regulares por el litoral, industrias de salazón y un gran puerto como el de Oiasso. Los normandos legaron las técnicas navales más avanzadas. En un empeño de siglos los vascos aprendieron a trazar caminos sobre el océano, y todos los saberes cuajaron en la época de los grandes descubrimientos: de este pequeño tramo de costa salían los mejores barcos y los mejores hombres a cazar ballenas, a pescar bacalao, a traer galeones cargados de cacao y tabaco, a la rapiña de las conquistas y las guerras, a lanzar expediciones corsarias para defender los botines propios y atacar los ajenos. Siglos más tarde, los mismos puertos vieron zarpar la miseria de los emigrantes y la riqueza del hierro. En definitiva, el mar fue la puerta de los vascos para salir al mundo. Y la costa, esa línea de 225 kilómetros, era el umbral desde el que oteaban un horizonte plagado de promesas y amenazas.

Caminaremos durante trece jornadas por ese umbral, desde la desembocadura del río Atturri hasta el promontorio rocoso de El Covarón...".

Son los primeros párrafos de la presentación del Trekking de la costa vasca. Es decir: la costa vasca a pie, la serie andarina que he preparado para la revista Euskal Herria. (Podéis leer la presentación completa aquí: Viaje por el umbral de los vascos).

En el número 34 de la revista (junio-julio, está ahora en los quioscos) aparece la presentación del proyecto y la descripción de las cuatro primeras etapas, con fotos de Alberto Muro:

1. Bayona-San Juan de Luz.
2. San Juan de Luz-Hondarribia.
3. Hondarribia-Pasajes de San Juan.
4. Pasajes de San Juan-San Sebastián.

En los siguientes tres números se publicarán el resto de las etapas por Guipúzcoa y Vizcaya. Y en diciembre saldrá el libro con el recorrido completo. Que aproveche.

18 comentarios:

eresfea dijo...

¡Cronista!

Ander Izagirre dijo...

Eso no me lo dice usted en la calle.

albardäo dijo...

Bonito paseo. Aún recuerdo tu sorpresa al recorrer los acantilados vizcaínos.
Y pensar que una mayoría de vasquitos y vasquitas desconoce nuestro litoral...
A ver si tu libro les anima.
Kronopio, que eres un kronopio.

Ander Izagirre dijo...

Se me olvidaba: el autor de la foto es el propio albardäo. Y sí, recorrer la costa fuera de las carreteras, por los senderos litorales, es una sucesión de sorpresas. El itinerario es una maravilla.

albardäo dijo...

La foto no tiene mérito. Las vistas nos regalan eso y mucho más.
¡Estáis todos invitados!

Caravinagre dijo...

Precioso, todo.
¡Recoges 8.000 años de historias y vidas en un cuenco! ¡Menudo cronista y menudo cuenco tan grandes!

Hombre, se echa en falta un capítulo dedicado al litoral navarro, pero bueno... No se puede tener todo.

¡Enhorabuena!

P.D.: Las cuatro primeras etapas aun sin leerlas, me encantan sólo por los sitios. Mi trocito de costa preferido.

Ander Izagirre dijo...

Por partes, Caravinagre:

-8.000 años y más también: los tatarabuelos de los lekeitiarras recogían marisco hace 17.000 años. Algunos oficios apenas han cambiado.

-Litoral navarro: ¿qué recorren estas primeras etapas, sino la costa navarra?

-Tu trocito de costa preferido: si la descubrieras a fondo, caminando, te quedarías con la boca abierta. Y si recorrieras algunos puntos de la costa vizcaína, ya ni te cuento (las zonas de Elantxobe-Ogoño, San Pedro de Atxarre, Armintza-cabo Villano, Gorliz, Serantes y Punta Lucero, por decir algunas).

Lo que se ve en la foto, al fondo, son los acantilados de Gorliz.

Caravinagre dijo...

Uf, es que contar hacia atrás siempre me cuesta esfuerzo... Lo de Lekeitio, pues... efectivamente es verdad, poco cambian algunos oficios. Dicen que durante la última glaciación, las cavernas de la costa vasca habitadas por hombres encontraron su salvación en los pequeños moluscos, ¿no?

Lo del litorial navarro.. ¡¡Ahhh!! (suspiro, suspiro). Tengo ganas de recorrer la costa vizcaína. Pero a la labortana regresaré en breve. Cuando Navarra perdió todas las costas, aún negoció con el rey de Inglaterra -que era amiguete a ratos- y consiguieron tener salida marítima por Baiona; ya que los reyes de Navarra que ejercían su poder en el Vizcondado de Zuberoa y la Baja Navarra era de facto Navarra les venía bien también controlar Labourd, aunque fuese bajo tutela inglesa.

Resumen: envidia, envidia, envidia. A partir del día 16 ya vuelvo a tener autobus hacia la costa laboratan así que iré.

leitzaran dijo...

Yo en la mar me mareo terriblemente.
Por eso me encanta esta propuesta de recorrer la costa a pie. Gracias por este trabajo.

albardäo dijo...

Lekeitio tiene la cofradía más vieja de Bizkaia, y creo que también es la más vieja de Euskal Herria (ay, no, perdón, que Zapatero va a prohibir aprender esa palabra; en cambio, podremos asimilar País Vasco. ¿Se entiende?)

albardäo dijo...

quería decir "antigua", no viejuna

eresfea dijo...

Iba a escribir que tenías posturita de "desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla" en la foto.
Y ahora (que ya lo he dicho) todo me encaja al descubrir el entusiasmo vizcaíno de albardao.

Ander Izagirre dijo...

Eresfea: quería poner una foto de alguien caminando por la costa. Quise poner una de albardäo, pero albardäo sabe por qué me ha resultado imposible (porque quiero conservar su amistad y, a ser posible, quiero que conserve lo que le queda de dignidad).

Leitzaran: disfrutarías mucho en estos recorridos costeros.

albardäo dijo...

...
Pido disculpas por el sacrilegio. Incluir un tema político en este blog me parece infame.
Mea culpa.
Parkatu.

Ander Izagirre dijo...

No despistes, albardäo. Explicamos que fuiste periodista de Deia catorce años y ya está, todo explicäo, j-j-j...

El sacrilegio hubiera sido incluir una foto tuya. De eso hablábamos.

albardäo dijo...

De sacrilegio nada.
Eso hubiera sido una ca-bro-na-da (tus seguidores-lectores no se merecen pasar por semejante trance).

Anónimo dijo...

bai,bai... testua ederra, ibilbidea zoragarria, argazkia oso polita, argazkikoa dudakoa!
Nola liteke Baionatik Bilbora zoazela itsasoa zure ezkerraldean izatea? Kantauriko kontuak MAREAtu egiten zaituzte e???

pues si... el texto muy bueno, el itinerario precioso, la foto muy bonita pero el de la foto dudoso!
¿Como puede ser que caminando de Baiona hacia Bilbao tengas el mar a tu izquierda?
Los temas del Cantábrico te MAREAN!
josu

Ander Izagirre dijo...

Horrelako irakurle azkarrak eta zorrotzak nahi ditut nik, Josu!

Es verdad: la composición de la foto se impuso al sentido de la ruta. En el tramo de la foto, albardäo y yo caminábamos en la dirección contraria, hacia la izquierda de la foto.

Aun así, hay unos pocos puntos de la ruta en los que no sería imposible una foto con el mar a la izquierda del caminante: después de recorrer un saliente, una punta hacia el mar (hacia el norte), toca girar y regresar tierra adentro (hacia el sur) y todavía se ve el mar al este. Sólo ocurre en algún punto (por ejemplo, regresando de la Roca de la Virgen en Biarritz o en el paredón de arenisca de Erentzin, en Jaizkibel: se sube en diagonal hasta un promontorio y luego hay que volver tierra adentro por la parte alta de la cresta, con el mar a la izquierda...).

Hala ere, uste nuen inor ez zela konturatuko...

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