jueves, 31 de enero de 2008

Que conste

Caravinagre, cazador de senegaleses balofonistas o afganos vendepollitos, es un tipo capaz de viajar sin salir de su barrio (ya sea en su Pamplona natal o en su Madrid actual). Si dentro de unos meses ando liado en un proyecto de viajes lejanos, una buena parte de la culpa será suya.

PD: Merece la pena echar un vistazo a sus fotos.

martes, 29 de enero de 2008

¿Y cómo sabes eso? (1ª parte)



Paco es un señor muy importante que siempre se está riendo. Entre sus innumerables virtudes destacan un par: es la persona que mejor sabe decir la palabra BOBO (la pronuncia así, con la boca llena de aire, en mayúsculas); y sabe dar puñetazos muy certeros en el deltoides (la parte superior externa del brazo), de ésos que parecen amistosos pero duelen de narices. Normalmente son simultáneos, el ¡bobo! y el puñetazo en el deltoides. Entre bobo y bobo, a veces también me llama txirrindulari (ciclista, una palabra que le gusta mucho porque le parece casi onomatopéyica). La primera vez que hablé con él, hace ya trece años y pico, me dijo que sólo se le ocurrían dos explicaciones sobre mí. Una de ellas era que yo estaba loco. Y se reía, el tío.

Paco es el mejor profesor que he tenido. Su lección principal era muy sencilla: para ser buen periodista primero hay que ser bueno a secas. Y además se lo creía. Y además logró que sus alumnos nos lo creyésemos. Con sus clases también conseguía que nos entraran unas ganas locas de ponernos a escribir. Nos seducía con reportajes excelentes, nos ayudaba a descubrir los trucos, nos empujaba a intentarlo por nuestra cuenta y nos enseñaba a pulir los textos hasta que el lector pudiera deslizarse por ellos como por una pista de patinaje. Hay profesores que enseñan muy bien a redactar y hay algunos, muy raros, que además de enseñar a redactar enseñan a escribir. Paco era riguroso con las faltas de ortografía, las redundancias o los jaleos sintácticos, pero centraba sus esfuerzos principales en meternos estas cinco claves en la cabeza: saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresarse y aprender qué es el hombre. Para hacer más o menos bien esas cinco cosas, es necesaria una virtud básica pero muy difícil: la humildad.



Paco me machaca el deltoides cada vez que me pongo a tiro porque me acusa de reventarle una asignatura. Y se ríe, el tío. Ocurrió en el último curso de la carrera, en una de las últimas clases de Periodismo literario. Llevaba cuatro meses explicándonos en qué consistía ese asunto del periodismo literario: en lugar de ceñirse a fórmulas rígidas, un periodista puede emplear las técnicas de la literatura para escribir textos más atractivos; su único límite es la realidad: no puede retocar una escena ni falsear un detalle para lograr una historia más redonda. Porque al periodista le corresponde escribir un relato veraz de los hechos. Y no puede traicionar ese pacto con el lector sin perder crédito.

Paco me hizo leer en clase un relato que yo había escrito sobre uno de los episodios más épicos de la historia del ciclismo: la victoria de Charly Gaul en el Monte Bondone, en el Giro de 1956. En aquella etapa, una tormenta de nieve repentina se abatió sobre los ciclistas y muchos quedaron desperdigados por la montaña, perdidos en la nieve, refugiados en chabolas o abrigados por los espectadores que salían a rescatarlos. De los cien ciclistas que marchaban en carrera casi setenta se retiraron, incluido el líder, con hipotermias y congelaciones. Los espectadores y los jueces que esperaban en la meta no tenían ninguna noticia de los corredores y organizaron una expedición con coches para ir a buscarlos, pero en medio de la nevada apareció un espectro que daba pedales y que cruzó la línea medio inconsciente y con una pierna helada. Era Gaul, un gran ciclista que aquel año había fracasado en el Giro (antes del Bondone estaba clasificado en el puesto 24) y que sin embargo demostró una inmensa capacidad agónica para resistir bajo la tormenta y alcanzar la cumbre mucho antes que el resto de los escasos supervivientes. A pesar de que lo envolvieron en mantas y lo masajearon a conciencia, Gaul se pasó una hora temblando, sin decir palabra, sin entender nada de lo que le decían, sin enterarse de que había ganado el Giro.

Para escribir este relato yo había leído unas cuantas crónicas de la época. La historia era fantástica pero había un problema: las crónicas resultaban demasiado escuetas. Por ejemplo: antes de que se desatara la tormenta, Gaul marchaba escapado y estuvo a punto de caer a un barranco por unos problemas con los frenos. Aquel susto merecía ser contado con lujo de detalles, de manera que describí el momento en que Gaul volaba cuesta abajo y descubría que le fallaban los frenos, sacaba un pie, trazaba la curva con una trayectoria apuradísima que se iba abriendo y abriendo hasta el mismo borde del abismo, las ruedas pisaban la gravilla de la cuneta y empezaban a derrapar, a Gaul se le escapaba un grito…

Cuando terminé de leer el relato en clase, la primera pregunta de un compañero fue -lógicamente- cómo conocía yo tantos detalles de aquella historia. Y respondí:

-Un poco de documentación… y un poco de periodismo literario.

Paco soltó una carcajada. No me golpeó el deltoides porque había cien testigos, pero se hizo el escandalizado y preguntó a mis compañeros si les parecía legítimo que yo me hubiera inventado escenas como esa. Los que levantaron la mano para hablar debían de ser tan tramposos como yo, porque defendieron mi texto con un argumento que se hizo muy popular: la recreación de algunos detalles no afectaba a la verdad esencial de la historia, sino que contribuía a transmitirla con más eficacia. Paco sacudía la cabeza y me miraba con intenciones homicidas.

-Me paso cuatro meses diciendo que se debe buscar la manera más atractiva de contar una historia pero sin falsear jamás ningún detalle, y en la última clase llegamos a la conclusión de que “periodismo literario” es… ¡mentir!

Con el tiempo aprendí que Paco tenía razón. La ficción sirve para contar verdades, por supuesto. Pero si un periodista tiende a retocar los detalles, por muy secundarios que sean, el lector nunca sabrá dónde empieza el maquillaje y pasará las páginas con recelo, intentando adivinar las trampas. En cuanto se tope con una historia sorprendente, desconfiará. Por eso conviene respetar a rajatabla el pacto con el lector.

En mis libros y reportajes viajeros yo planteo un trato: esto es un relato escrito por un periodista y no hay ni un gramo de ficción. Si algo no concuerda exactamente con la realidad, se debe a algún fallo de mi percepción, de mis entendederas o de mi capacidad de expresarme, pero no hay retoques intencionados para redondear ninguna historia. Esta declaración no es ninguna bandera, sólo responde a una cuestión práctica: es la única manera de que el lector me crea cuando le cuente que Charly Gaul perdió el Giro del año siguiente por pararse a mear. O que paseando con Paco junto a la Torre de Hércules nos encontramos con un alumno suyo llamado Gandalf.

sábado, 26 de enero de 2008

Mi último padre, que fue assasinated por las personas desconocidas

La señorita Silvye Kochem me escribe para proponerme un jugoso negocio:

"El más estimado,

es mi placer entrarte en contacto con para una empresa de negocio que me preponga establecer en tu país, aunque no he satisfecho con ti antes de que solamente crea uno tiene que arriesgar, confiando en alguien para tener éxito a veces en vida.

Hay esta cantidad enorme de dinero ocho millón de, quinientos mil dólares unidos) del estado .USD ($8.500, 000.00) que heredé de mi último padre, en una compañía de seguridad aquí en el ivoire de Cote'd antes de que él fuera assasinated por las personas desconocidas. Ahora decidía invertir este dinero en tu país o dondequiera bastante seguro el exterior África para los propósitos de la seguridad.

Quisiera que me ayudaras a transferir este fondo en tu país para los propósitos de inversión. Si puedes estar de una ayuda a mí estaré satisfecho ofrecerte que los 20% del total financian.

Gracias y el dios te bendice.
Srta. Sylvie Kochem."

jueves, 24 de enero de 2008

Descabellado

Mònica da clases de literatura de viajes a unas señoras de Pamplona. Ayer les llevó algunos textos que escribí en el blog de Vespaña, les habló de la vespa, del viaje por las depresiones, de la furgoneta melonera. Parece que empezaron a divagar sobre el aspecto que debía de tener alguien que se dedica a esas cosas. Mònica buscó una foto mía en internet, la mostró y hoy me escribe para contarme la aliviada conclusión de las señoras: "Tienes los pelos mejor de lo que habían imaginado".

martes, 22 de enero de 2008

El milagro de Villacañas


El año pasado saqué esta foto en Jaén, a la vuelta de Marruecos. La memoria digital de la imagen me dice que la tomé a las 9.42 del 13 de enero de 2007. "La Virgen anuncia la inminente venida de Jesús en Villacañas. Web tlig org".

El 13 de enero de 2008 me encontré con Villacañas en el periódico y descubrí que se trata de un pueblo manchego en el que ocurría un milagro: sin tener árboles en los alrededores, fabricaban ¡20.000 puertas por semana! Más de 4.000 personas trabajaban en la producción de puertas. Pero la crisis de la construcción ha frenado el negocio y ya se han ido a la calle 700 obreros. Dice el periódico que el milagro de Villacañas se desvanece.

No sé muy bien cómo encajar estos elementos: 1) la llegada inminente de Jesús en (¿en?) Villacañas; 2) Villacañas, milagroso pueblo de las puertas; 3) ahora las puertas se cierran; 4) ¡La escalofriante repetición del 13 de enero! Detrás de esto tiene que haber una historia inquietante.

Visito tlig.org: "En este sitio encontrará información sobre los mensajes que Vassula Ryden recibe de Dios, desde 1985".

Y la biografía de Vassula, de la que extraigo un episodio clave: "Un ser invisible que se presentó como su «ángel guardián Daniel» la visitó mientras realizaba las compras en el supermercado de siempre".

Aquí se interrumpe la investigación. Pincho y pincho sobre la frase "en el supermercado de siempre", pero no es ningún link, no me lleva a ningún lado. Y suspiro de alivio, porque el siguiente paso podría conducir a algún abismo terrorífico. Imaginad que fuera...

viernes, 18 de enero de 2008

Ciclismo potable

Millones de personas de todo el mundo deben caminar muchas horas para llegar hasta una fuente, cargar bidones de agua y regresar a casa. Además, suele tratarse de agua no potable, cuyo consumo produce miles de enfermedades y muertes.

Unos compañeros de trabajo de Nerea han inventado un triciclo prodigioso para solucionar ese problema. 1. El agua se carga en un depósito trasero. 2. Mientras el ciclista pedalea de vuelta a casa, los pedales accionan una bomba que hace pasar el agua a través de un filtro. 3. Esa agua, ya purificada, se acumula en un segundo depósito que va en la parte delantera.

Mientras esperamos el modelo que convierta el agua en vino, admiremos el invento:

miércoles, 16 de enero de 2008

Titulares comatosos

Mi hermano Julen me envía este recorte con un comentario: "O la gente de El Diario Vasco no sabe poner comas o no están muy de acuerdo con la línea del propio periódico y así lo quieren hacer ver".

A quienes no conozcáis el sabroso culebrón txuri-urdin os explico que sí, que El Diario Vasco defendía últimamente al entrenador Coleman (después de unos cambios de línea editorial bastante curiosos). Tras el batacazo del año anterior, cuando una Real podrida bajó a Segunda, el nuevo entrenador galés ha conseguido que vaya cuajando un equipo en el que ocho o diez titulares son jovenzuelos de la cantera, y que a mitad de temporada está en la quinta posición y a un solo punto de la zona de ascenso. Pero hace un par de semanas una gran mayoría de los accionistas eligió como nuevo presidente a Iñaki Badiola, quien llega con la promesa de un carro de fichajes, una idea que no gusta a Coleman. Ni tampoco a El Diario Vasco, que últimamente ha defendido al galés. Pero hoy parece que le animan a que se marche: "Coleman, dimite". Evidentemente, sabréis cuál ha sido la noticia de esta tarde si elimináis esa coma.

Bien, supondremos que se trata de un patinazo del redactor y no la expresión de sus deseos. En estos casos, quienes estudiamos Periodismo en Pamplona recordamos aquella legendaria portada del Diario de Navarra, tantas veces mencionada por los profesores de Redacción, con un titular tan asombroso que casi dejamos de creer que se publicara. Pero hace unas semanas Ramón Salaverría la rescató del reino de las leyendas y me la envió. Y aquí la pongo, para que disfrutéis con esa estupefaciente portada en la que al padre del rey Juan Carlos le pedían que se muriera:

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