sábado, 22 de marzo de 2008

Poesía


"Y en el centro de la bahía, la inmóvil isla de Santa Clara", escribió el alumno. Intenté explicarle por qué sobraba el adjetivo. Y me respondió a media voz: "Ya, pero es que yo suelo escribir poesía".

Poesía, poesía.
Yo poesía un gato,
pero se escapó
el muy perro.

(La foto la encontré aquí)

viernes, 21 de marzo de 2008

Bahía de piratas y brujas



Un rincón bastante olvidado de Hendaia: la bahía de Loia. Se sabe que esta ensenada rocosa albergó el primitivo puerto de los hendaiarras, porque consta que en 1680 los marinos hondarribitarras vinieron aquí y robaron dos barcos. La víspera, los hendaiarras habían matado a un hondarribitarra de un arponazo.

También se dice que en este paraje se reunían dos o tres mil personas para celebrar los akelarres más multitudinarios del País Vasco. El recuento quizá se hacía con el mismo método con el que algunos cuentan ahora manifestantes. Al margen de las estimaciones, hay un hecho: la Inquisición quemó a una joven de un caserío cercano, acusada de bruja.

En la segunda foto, Francis y Óscar se asoman a Loia, enmarcados por los postes que aún se emplean en cierto oficio litoral (adivinanza facilita).

Lápidas en el mar

En francés, a estos peñascos de Hendaia se les llama Les Deux Jumeaux (las dos gemelas).

La leyenda dice que las dos rocas fueron lanzadas desde la cumbre de Peñas de Aya por los gentiles (los seres gigantescos que habitaban el País Vasco antes de la llegada del cristianismo).

Los marineros de Hendaia y Hondarribia tenían otro nombre para los peñascos: Dunbarriak (las piedras de la tumba, las lápidas), porque las corrientes arrastraban a los barcos hasta esas rocas y los estrellaban. Hoy nos hemos acercado con la marea baja, cuando la Dunba Zabala (tumba ancha) y Dunba Luzia (tumba larga) no son islotes sino peninsulitas.



miércoles, 19 de marzo de 2008

Feliz José

Si la Guardia Civil de Algeciras sospecha de los frecuentes viajes a Marruecos de un roñoso y descolorido Opel Kadett con matrícula de San Sebastián, puedo aportar estas dos fotos para aclarar los verdaderos motivos de su conductor.

Las fotos fueron tomadas en la primera tarde que el conductor del Opel Kadett pasó en Marruecos, el 3 de enero de 2007. Propongo título y subtítulo: "La felicidad. Josema descubre que en Tánger se puede comer por un euro".





Desde entonces, en trece meses Josema ha viajado tres veces a Marruecos y una a Túnez.

En la festividad de San José, deseo a todos los Josés y los no Josés que disfruten de felicidades como ésta un puñado de veces al año.

PD: Un José que hoy cumple años.

domingo, 16 de marzo de 2008

Humor viajero

El humor es un recurso excelente en los libros de viajes. Refresca el relato, engancha al lector, ayuda a ver algunas esquinas insólitas de la realidad. Pero el humor es mucho más que un recurso literario. Es una actitud del viajero, una actitud preliteraria.

En los viajes se produce un fenómeno muy interesante. Nos cambian el contexto habitual, nos convertimos en un elemento absurdo dentro del paisaje y va cristalizando una conclusión: si todo lo que nos rodea es raro, quizá lo raro seamos nosotros. En Yibuti, Coober Peddy o Astracán somos como el conductor del chiste, el que se queja de que todos van en dirección contraria. No es fácil aceptarlo.

Y algunos escritores no lo encajan bien. Describen esas realidades ajenas con cierta superioridad -hay quien llega al desprecio, como ya vimos hace unos días-. Otros son más respetuosos y aceptan el desconcierto como parte del juego. A mí me encantan los que en determinados momentos saben mirarse a sí mismos y consiguen verse en su plena y radiante ridiculez.

Como digo, esa actitud es previa a la escritura. Nada más llegar a un país remoto, es probable que el policía de la aduana te toree hasta sacarte un par de billetes, que un taxista te time descaradamente, que en el hotel te den un cuartucho y una cena infame. Puede que en los primeros días los vendedores agobien a cada paso, que los camareros hinchen las cuentas, que pagues un precio considerable por una camiseta conmemorativa de la fiesta nacional... y que al minuto te des cuenta de que las están repartiendo gratis a todo el mundo menos a ti. Está claro: te toman por tonto.

Puedes hacer dos cosas. Una: avinagrarte, maldecir ese país indecente y a sus insoportables habitantes y vivir con amargor lo que queda de estancia horrible. Dos: aceptar la verdad. Si te toman por tonto, es porque allí tú eres tonto.

Si eres capaz de optar por la segunda opción, las puertas empezarán a abrirse. Poco a poco identificarás a los gorrones y los vendemotos, sabrás deshacerte de ellos sin pasar malos tragos, conocerás a la gente interesante y buena del país. Y así irán apareciendo las historias más interesantes, el material para escribir un buen reportaje o un buen libro, y podrás contar algo más que tu enfado. ¡Paciencia y serenidad!

Por eso el buen humor es un requisito previo. Para viajar bien antes de escribir bien, el primer paso consiste en aceptar que eres tonto. Es decir: humildad.


Luego, en la escritura, los tonos pueden ser muy diferentes. Puede que el humor no aparezca por ningún lado; puede que sea un humor suave, latente, apenas un barniz de ironía fina; o puede desembocar en la carcajada.

Acabo de leer El antropólogo inocente (Anagrama), un libro muy divertido que ya lleva veintiuna ediciones en España. Su autor, el inglés Nigel Barley, pasó dos años viviendo con los dowayos, una tribu de Camerún, para estudiar sus creencias y sus costumbres. Además de su trabajo académico, Barley escribió este libro para relatar la vida marciana que llevó en esa remota región de África, la realidad torpe y chapucera que se esconde tras las pomposas investigaciones antropológicas (calcula que sólo pudo dedicar a las investigaciones el 1% de su tiempo con los dowayos: la vida allí tiene otras exigencias más perentorias) y las tronchantes relaciones con los nativos, que se ríen sin parar de ese blanco tan ignorante y tan metepatas.

Barley no deja de hacer el ridículo. Cuando intenta ser amable, dice las cosas más ofensivas que un dowayo pueda imaginar. Por culpa de su precario manejo del idioma local, pretende anunciar ante el consejo de sabios que abandona la reunión porque debe ir a guisar carne y en realidad anuncia que debe ir a copular con el herrero. Y le suceden historias como ésta, con una mujer llamada Mariyo:

"Mariyo vivía justo detrás de mi choza y no podía evitar oír las incesantes series de pedos, accesos de tos y ensordecedores eructos que salían de su casa por la noche. Sentía mucha simpatía por ella, pues me parecía que sus entrañas estaban tan poco preparadas para vivir en el país Dowayo como las mías. Un día se lo comenté a Matthieu [el ayudante local de Barley], que soltó una risotada y salió corriendo a contarle mi último despropósito a Mariyo. Un minuto más tarde me llegó otra risotada desde su choza y a partir de ahí pude seguir el recorrido del cuento por toda la aldea a medida que la histeria iba pasando de choza en choza. Matthieu regresó por fin, llorando y debilitado de tanto reír. Me condujo a la vivienda de Mariyo y señaló una choza pequeña que había justo detrás de la mía. Dentro estaban las cabras. Como lego que era en lo relativo a esos animales, desconocía lo humanas que sonaban sus detonaciones".

Barley también se ríe -y muy a gusto- de algunas actitudes, supersticiones y reacciones asombrosas de los dowayos. Pero no ofende: porque Barley ha aceptado su papel como tonto del pueblo y se ríe de sí mismo ante los dowayos y ante los lectores, porque su cachondeo es el que se traen los amigos que saben tomarse el pelo unos a otros sin perderse el respeto, y porque asume una verdad incuestionable: que todos compartimos una capacidad extraordinaria para la estupidez.

PD: Otras joyas del género viajero-cachondeístico: En las antípodas, Historias de un gran país (ambas de Bill Bryson: el campeón de la categoría), En los confines del mundo (Lawrence Millman), Julio Camba... ¿Se os ocurren más?

viernes, 14 de marzo de 2008

Mudanza (3). A mí verdad tamién me gusta desir

Andamos de mudanza y en una carpeta he encontrado esta joya que di por perdida hace tiempo. Es una carta del siglo XIX escrita en Liverpool por un capitán de la marina mercante a su armador. El original está en el archivo de Lekeitio.

"Llebrepul, 5 de mayo de 1868.

Señores Singines y la Compañía:

Muy señor nuestro: con fecha que te pasao antes escribo ustedes carta largo con manifestasión de las averias gordos que amos tomao en viage; cuando amos salido de rreñida de Farloviento para este puerto que agora estamos en el día; ustedes no me contestas de como aramos el arreglamiento de averia gordo con el protestasión que amos hecho delante del escribano.

Algunas mentiras ya te amos puesto por dispensa del interés general de interesados que te interesan ensima de la bordo y consecuensias serán punestas si no me contestas ustedes y mandas las pólisas de aseguramiento y un esplicasión tremiñante del manera de meter un poco el mano para sacarte sueldos y alimentasión de nosotros.

Piensándome estoy por los motivos que te estás ustedes callando ni desir de este modo ó de la otro y acabate de reventar de una ves sin andar chilidin panchalán, como las mugeres.

Un fliete hermosa tenemos entre las manos y no puedemos cojer por las sircunstansias que se ha dicho. Yo no se que piensamientos tienen ustedes. A mí verdad tamién me gusta desir. Cuando le mandan diñero entonses ya escribes. Agora que tienen ustedes que arriar, callar el boca y si no, diga ustedes una cosa que el otro ensima del tribunal no irá y después no vengas ustedes con las cochambrerias que te acostumbras.

La Código está tremiñante con todos los errasones que tenemos nosotros.

Aqui tienes agora todas las averias que tenemos. La molinete, arremientas y un ancla perdido, y el tamién si, pugon se llevo mar con los lapicos y sastarras hecho todo. Un golpe de mar te limpias cubierta en toldilla de sotavientos pues quedas preseas grasias el promesa que amos hecho Virgiña Santísima, nos salvas de la peligrosidad; grasias al Divino Señor que nos sacas salvamiento con solo desgrasia del piloto, que sa disyuntao un pie y le amos empapelao con unas tablas que amos quitao del botalon de arrespeto que unicamente se dejó ensima del cubierta.

Escribete pronto una errespuesta tremiñante y no te andes con los guiris.

Resibe usted los respetuosos manos de su atentisimo Jose Julian Crusitabenito y Goycoechea".

Benditas mudanzas.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Tiempos de héroes

Es una de esas historias de Paco. La lees, tan buena y tan redonda, y terminas satisfecho, contento de encontrar esas cosas buenas en la vida, con la leve sensación de que estás en el lado correcto. Pero después de leerla la historia sigue ahí, dando vueltas en la cabeza. Ha quedado algún grumo que se atasca un poco, algo extraño que no termina de disolverse y que te obliga a releer la historia sin saber muy bien por qué.

En la segunda relectura, me han saltado a la vista estas palabras: “los que se tienen por buenos”. Glups.

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