martes, 25 de noviembre de 2008

Todos somos calaveras (2)

El estellés Javier Hermoso de Mendoza acaba de publicar en su página una biografía muy interesante de Luis García Vidal, el escultor de las calaveras: un texto detallado, muchas fotos (las impresionantes obras de terracota, un tremendo autorretrato, las primeras calaveras, sus estancias como retratista en París...) y también un vídeo del Parque de los Desvelados y el audio de dos entrevistas.

Lo encontraréis en la columna de la izquierda (sección "Nuevos": "Calaveras II").

sábado, 22 de noviembre de 2008

Todos somos calaveras

El escultor Luis García Vidal decidió que a la muerte hay que hacerla visible, muy presente, para que no nos asuste. Y así creó el Jardín de los Desvelados, en Estella, donde las enormes calaveras y los coches descacharrados expresan esa inquietud.

Su historia es el último capítulo del libro Cuidadores de mundos. Por eso, la semana pasada quise ponerme en contacto con él para invitarle a la presentación del libro en Pamplona y para enviarle un ejemplar. Primero escribí a Javier Hermoso de Mendoza, un estellés que conocía bien a Luis y que solía decirme si el escultor andaba mejor o peor de salud, con más o menos fuerzas para atender visitas. Javier me respondió que Luis había desaparecido hacía varios meses y que acababan de confirmar que un cadáver encontrado en el río Ega era el suyo.

La noticia me dejó primero helado, luego triste. Repasé sus fotos, releí el capítulo de su historia y encontré un pequeño consuelo en las propias palabras de Luis. Copio un párrafo del libro:

"Después de sufrir un accidente de tráfico y de perder a un hermano por un cáncer feroz, llegó a la conclusión de que lo único que podemos hacer con la muerte es desvelarla y ponerla bien a la vista. “No hay nada más natural que la muerte. Si la ocultamos, sólo conseguimos tenerle miedo”, dice. Así ha labrado Luis, de 79 años, la naturalidad con la que habla de su propio final. En una de las calaveras más grandes, que aparece medio enterrada en la ladera, ha excavado una galería interior que va desde los dientes hasta la bóveda del cráneo. “Esa será mi tumba”, explica. “Los faraones hicieron las pirámides para que los enterraran, ¿no?, pues yo quiero que me entierren o que dejen mis cenizas dentro de la calavera, qué menos. Mira, ven, sácame una foto aquí, que se vea bien el hueco, y puedes poner: el artista mira su futura tumba. Ahí dentro estaré bien, tranquilo, sin disgustos”.

Aquí tenéis esa foto. Recuerdo muy bien aquel momento. Yo estaba algo impresionado y Luis se reía.


Me fui de Estella admirado por su serenidad y su buen humor. Pero también me fui con un cierto desasosiego. El escultor tenía 79 años, se le notaba cansado, envejecido, y hablaba con melancolía del deterioro de su obra. El acceso al Jardín de los Desvelados era libre las 24 horas del día y algunos visitantes maltrataban las calaveras. Algunas estaban en bastante mal estado y otras apenas asomaban de la tierra, medio devoradas por la vegetación. Luis soñaba con grandes proyectos escultóricos, como el de un avión estrellado con un montón de esqueletos desparramados. Pero apenas tenía fuerzas para frenar el deterioro de sus obras antiguas y ya parecía imposible que pudiera emprender nuevas. Quiso mostrarme el antiguo esplendor de su parque:

"Cuando fotografío las calaveras medio derruidas, Luis saca de su bolsa varias imágenes enmarcadas, en blanco y negro, en las que se ve el parque en su esplendor de hace 20 o 25 años: unas impresionantes calaveras de tres metros y medio de altura, admiradas por visitantes que a sus pies parecen liliputienses. Otra escultura, de la que hoy sólo queda medio cráneo hundido entre las zarzas, era entonces una gran calavera que lucía una dentadura perfecta y miraba al cielo con ojos aterrados. Los proyectos de nuevas obras bullen en el cerebro de Luis pero las fuerzas de sus brazos apenas le alcanzan para restaurar las deterioradas. Muestra las viejas fotos con nostalgia: “Mira, mira cómo era esto antes, fíjate qué esculturas. ¿No podrías publicar alguna de estas fotos, para que se sepa cómo eran las calaveras?”. Las fuerzas menguantes de Luis, la añoranza por aquella época vigorosa y el deterioro imparable de su obra van amasando, en el Jardín de los Desvelados, una metáfora triste".

Aquí tenéis una de esas fotos de los años 80:


Nadie más que Luis se encargaba de cuidar las calaveras, de manera que probablemente su obra irá desapareciendo poco a poco. Al pensar en ese triunfo del olvido, he entendido un poco mejor por qué escribimos.

* * *

Aún estamos a tiempo de visitar el Parque de los Desvelados. Y aquí está el capítulo del libro dedicado a Luis: Todos somos calaveras.

ACTUALIZACIÓN: Javier Hermoso de Mendoza acaba de colgar este vídeo sobre el Parque de los Desvelados, grabado el día en que apareció el cadáver de Luis.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Pornografía infantil

¿Has llegado aquí tecleando “lolitas”, “preteens”, "angels", "boy lover" “girl lover”, “childlover”, “pedoboy”, “boyboy”, “fetishboy” o “feet boy”?

No sigas buscando, por favor.

Hoy protestamos contra la pornografía infantil.

martes, 18 de noviembre de 2008

Presentaciones de Cuidadores de mundos

Esta semana presentamos Cuidadores de mundos en Pamplona y San Sebastián. También habrá algo en Durango y Madrid en próximas fechas.

PAMPLONA, jueves 20 de noviembre. A las 19.30.
En el auditorio del centro Civican (Avda Pío XII, 2).

SAN SEBASTIÁN, viernes 21 de noviembre. A las 19.30.
En la casa de cultura Ernest Lluch (estadio de Anoeta, entre las puertas 7 y 8).

NOTA: en la presentación de San Sebastián no habrá libros a la venta.

En los actos participarán Pep Bernadas, editor de Altaïr; Antonio Martínez Illán (en Pamplona), Josean Pérez Aguirre (en San Sebastián); y yo mismo, que daré una breve proyección con las historias de algunos protagonistas del libro (unos cuantos de ellos acudirán al acto). Después nos tomaremos un vinito. Si queréis y podéis, allí nos veremos.

Otros actos:

MADRID, miércoles 26 de noviembre. A las 13.00.
En la librería Altaïr (calle Gaztambide, 31), los editores darán una rueda de prensa para presentar la colección Heterodoxos, dentro de la cual se publica Cuidadores de mundos. Yo no estaré allí. Pero es posible que dentro de unos meses organicemos una proyección en esta librería con las historias de Cuidadores de mundos (y también en la de Barcelona).

DURANGO. El libro estará en la Feria de Durango. Y yo estaré en algún puesto (aún sin confirmar) el 6 o el 7 de diciembre. Por favor, no arrojen cacahuetes a los autores.


El libro ya está llegando a las librerías de carne y hueso y también a las virtuales: Altaïr, FNAC, La Central, La Casa del Libro, Laie, Desnivel, La Tienda Verde, De Viaje, Metrópolis, Muga, Elkar...

lunes, 17 de noviembre de 2008

Rajoy al asalto

Pobre Mariano. Se le ocurre visitar San Mamés y hay que ver cómo se le pone el ABC (clic para ampliar):

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Recuerdos en txuribeltz

Me lo cantó mi abuela hace dos semanas, rememorando rivalidades de hace ochenta años:

"La Real Sociedad tiene un portero,
que es Eizaguirre,
gran parador.
Que se rompe la cabeza contra el suelo
antes que le meta un gol
el Real Unión".

Hoy me lo volverá a cantar, muy contenta de que en estos tiempos de cataclismo txuriurdin al menos metan goles, y menudos goles, los vecinos de blanco y negro, los txuribeltz.

Y me acuerdo de aquella vez que paramos en el pantano de Yesa, en algunas vacaciones de nuestra infancia, y leímos en una placa que el constructor del embalse había sido René Petit. Mi madre nos contó que Petit había sido futbolista del Real Unión -el equipo en el que entonces jugaba mi tío Iñigo-. En realidad Petit empezó a jugar en el Real Madrid en 1914 , con apenas 15 años, porque estudiaba en la capital de España, y ganó un título de Copa como merengue. Pero en 1917 volvió al equipo de su ciudad, el potente Real Unión: viajaba en moto desde Madrid hasta Irún para jugar los partidos (¡ay, Carletto!). Y en 1918 ganó la final de Copa con el Real Unión... contra el Real Madrid.

Ahora tenemos blogs, pero la pena es que ya no inventamos canciones como las de mi abuela para inmortalizar estas pequeñas épicas. Será que es difícil rimar "tibia y peroné" con "administrador concursal".

martes, 11 de noviembre de 2008

La parte del perro

Mis abuelas solían darnos la txakurrena: una propina, un dinerillo, una pequeña paga. Txakurrena, de zakurrarena, significa literalmente "lo del perro" y siempre pensé que sería un calco en euskera de la perra chica y la perra grande: una moneda. Pues no.

Mis abuelas no lo sabían, pero al parecer el término proviene del mundo marinero. Entre los pescadores de Hondarribia (y supongo que de otros puertos vascos), la txakurrana era la parte de las ganancias que le correspondía al perro. Una especie de dinero negro.

Las explicaciones se las leí el año pasado al escritor Jesus Mari Mendizabal, alias Bizargorri (Barbarroja). Según cuenta Bizargorri, todos los barcos pesqueros llevaban a bordo perros espabilados. Cuando alguna merluza se liberaba del anzuelo y coleteaba en cubierta, el perro la atrapaba antes de que saltara de vuelta al agua. Por eso, al hacer el reparto de las ganancias, los pescadores contaban al perro como un tripulante más. Después de vender el pescado, la mitad del dinero se lo llevaba el armador. Y la otra mitad se distribuía entre los tripulantes. Pero si eran cinco hombres, hacían seis partes. La sexta era la txakurrana, la del perro.

Esa porción extra tenía varios usos. Si algún marinero no podía trabajar por enfermedad o por alguna otra causa, sus compañeros le donaban la txakurrana. Pero habitualmente era una parte no declarada del sueldo: el marinero cobraba el dinero que le correspondía y lo llevaba a casa, y además recibía en secreto la proporción del perro. Las madres y las mujeres de los marineros conocían la costumbre, pero no sabían cuánto se había repartido realmente, de manera que al hombre le quedaban unas monedas que podía gastar fuera del control matriarcal.

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