miércoles, 12 de marzo de 2008

Mudanza (2). Pies de foto

Andamos de mudanzas y llego a una conclusión satisfactoria: ya sé para qué sirven todos esos recortes, papeles y cachivaches almacenados tanto tiempo en carpetas, cajas de zapatos y cajones, todos esos objetos y documentos que permanecen ocultos durante largas temporadas, que no pintan nada en nuestra vida y sólo afloran cuando hacemos mudanzas. Pues para eso sirven precisamente: para aliviar y divertir las pesadas mudanzas.

Cuando uno lleva varias horas metiendo cosas en cajas y desenterrando carpetas del estrato paleozoico de un armario, de pronto se encuentra con una colección de tonterías que no había visto desde el último traslado. Y entonces la mudanza se convierte en una especie de búsqueda del tesoro: por aquí y por allá aparecen algunos objetos que encienden nostalgias, otros a los que cuesta encontrarles ningún sentido ni ningún encaje en la propia biografía y otros que dan mucha risa. Dentro de poco caerán en el fondo de alguna caja y ahí seguirán hasta la próxima mudanza, cuando las descubriré otra vez con renovado entusiasmo.

Entre los que dan mucha risa, encontré una vieja recopilación de gazapos y noticias tontas. Procuro no publicar en este blog entradas que sólo digan "mira qué cosa tan cachonda he descubierto por ahí", pero esta vez no lo puedo evitar.

Por ahora os regalo tres pies de foto gloriosos. Si no se leen bien, pinchad y veréis qué maravilla.



lunes, 10 de marzo de 2008

Mudanza (1). Póngame medio metro de libros de Asia

Andamos de mudanza y una de las consecuencias es que por fin puedo juntar casi todos mis libros, que hasta ahora andaban desperdigados en diversas estanterías y cajas en un radio de 450 kilómetros. Dejaré los libros menos interesantes, los tochos monumentales y las colecciones de revistas en casa de mis padres y podré juntar todos los demás en una sola biblioteca. Pero se me plantea una duda: ¿cómo los organizo?

Aquí va la narrativa española y la hispanoamericana, luego los estadounidenses, los rusos, los europeos... Los libros en euskera. Los libros grandotes de fotos. Los tintines, los astérix y los cómics. Los de vespas (una buena colección, ¡y todos regalados!). Los de ciclismo. La ciencia ficción. Los de periodismo, los diccionarios, los casados, grijelmórum y similares...

La mayor parte la ocupan los libros de viajes: literatura, reportajes y guías de muchas regiones del planeta. Empiezo a agruparlos según un criterio geográfico: los libros de tema europeo, los africanos, los norteamericanos, los sudamericanos...; después, una zona aparte para los libros españoles, y otra más para los vascos. Pero saco de una caja los libros de Kapuscinski y me niego a desperdigarlos por la biblioteca según los continentes de los que traten: está claro que deben ir todos juntos. Y los de Thubron y los de Leguineche y los de Noteboom... Esos también deben ir agrupados por autor. ¿Cómo hago, entonces?

¿Y dónde pongo a Steinbeck? Junto a los libros de viajes norteamericanos no estaría nada mal. ¿Lo separo, entonces, de la narrativa estadounidense? ¿Y los libros de Chéjov con consejos para escritores y periodistas? ¿Los pongo con los rusos o con los de periodismo? ¿Y Josep Pla? Me gustan tanto su Viaje a pie y su Viaje en autobús, que me gustaría incluirlo en las baldas viajeras. Pero son libros de bolsillo y tampoco puedo ponerlos entre otros muy grandes, aunque sean de tema parecido, para mantener un poco de orden y geometría. No me aclaro.

Lo primero que vendió Francis en la librería Metrópolis fue un libro rosa. Un abuelo le pidió consejo para regalarle un libro a su nieta.

-¿Qué edad tiene?
-Siete años.
-¿Le gusta leer?
-No.
-¿Y qué gustos tiene?
-No sé... el color rosa.

Y compró un libro rosa.

En estos días de criterios bibliotecarios extraños, me veo como aquel abuelo. Ando un poco perdido en la zona central de una balda, buscando alguna transición entre los autores y temas que vienen de un lado y los que vienen del otro. Y maldigo a Bill Bryson por no haber escrito un libro africano. Me habría venido de perlas.

PD: Espera, espera, acabo de leer El antropólogo inocente, de Nigel Barley, el divertidísimo relato de un antropólogo que pasa dos años con una tribu camerunesa. ¡El enlace perfecto entre África y Bryson!

PD2: Orientadme. ¿Cómo ordenáis vuestros libros, si es que lo hacéis?

sábado, 8 de marzo de 2008

Tuertos o ciegos

Para completar los textos de ayer y los comentarios que surgieron después, traigo unas palabras que escribió Solzhenytsin en la introducción de Archipiélago Gulag:

"Gracias a un inesperado giro de nuestra historia, afloró a la luz una parte de este Archipiélago, una porción insignificantemente pequeña. Los mismos puños que nos habían puesto los grilletes ahora buscaban la reconciliación abriendo las palmas: <<¡No conviene recordar! ¡No hay que revolver el pasado! ¡A quien recuerde lo pasado que le arranquen un ojo!>>. Pero el proverbio termina diciendo: <<¡Y al que lo olvide que le arranquen los dos!>>".

viernes, 7 de marzo de 2008

Perdón y justicia

Comemos en la mesa de un parque de Port Augusta (Australia del Sur), cuando una abuela aborigen se acerca gritando: “Bienvenidos a mi país”. Subraya el posesivo. Es una señora rechoncha muy negra, de pelo rizado, con la nariz aplastada y ese vozarrón vitriólico tan característico de los aborígenes. Se viste con zapatillas deportivas, pantalón de chándal, jersey azul de lana y un pañuelo blanco en la cabeza. Le invitamos a comer salchichas y a cambio decide contarnos su historia. Se llama Joy Schmerl y habla inglés sin problemas, aunque su lengua materna es el luridja.

-Yo no nací en un hospital. Nací en el desierto de Simpson -despliega nuestro mapa del outback y pasea la mano por una enorme región vacía-. Mi madre murió y me criaron con leche de camella. Estudié en Oodnadatta, una aldea del desierto, después me adoptaron unos blancos de Adelaida y viví con ellos en la ciudad.

Su historia trae el recuerdo de la Generación Robada. Entre 1880 y 1960, las autoridades australianas secuestraron a cien mil niños aborígenes para educarlos a la europea. Los funcionarios llegaban a las aldeas del desierto, metían a los niños en camionetas y se los llevaban a la ciudad. Sin explicaciones. Muchos australianos blancos no consideraban humanos a los aborígenes: lo máximo que se podía hacer por los habitantes de esta raza miserable era “intentar incorporarlos al rango más bajo de la sociedad civilizada”, según uno de los promotores de los secuestros de niños. “Los aborígenes no tienen sentimientos como nosotros”, explicaba el inspector James Isell a sus agentes. “Hacen aspavientos, gritan y lloran cuando nos llevamos a los niños, pero enseguida se olvidan y siguen su vida normal”. A los niños les decían que sus padres habían muerto o que ya no los querían; luego utilizaban a las chicas para el servicio doméstico y a los chicos como mano de obra para el campo. Estas atrocidades no se hicieron públicas hasta 1997.

Joy Schmerl toma nuestra armónica y toca una canción. Le quiero sacar una foto, pero entonces deja de soplar y se gira para esconderse. Pido perdón, me da la mano y sigue tocando. Luego deja la armónica y canta canciones de misa, una tras otra. Cada vez que dice “Jesús”, mira al cielo y extiende las palmas.

-Soy católica -confiesa a media sonrisa-. Cuando le canto a Dios, mis pecados salen por la espalda y el diablo se va corriendo. Porque el Diablo siempre está por aquí, aunque no lo veamos. ¿Conocéis los Pokemon, esos muñecos para los niños? Son 150 muñecos y tienen todos los nombres del Diablo.

A partir de aquí nos habla en torrente, de Noé, de Abraham, de Moisés, del éxodo de los judíos. De pronto se calla, respira hondo y suelta una retahíla:

-Aser, Zabulón, Neftalí, Isacar, Manasés, Dan, Efraím, Benjamín, Gad, Rubén, Judá y Simeón -después de recitar las doce tribus de Israel, se queda en silencio y nos mira con una sonrisa de orgullo. Luego Joy remata su conclusión-. Quiero estudiar Teología.

A los postres, nos dedica varios consejos.

-Estoy muy contenta de haberos conocido, porque venís de lejos, de la tierra de Jesús y de la Biblia. Ahora somos amigos y debéis escucharme, porque yo conozco el desierto -se le aceleran los pulsos, habla en tono histérico, gesticula y a veces grita-. Por favor, no entréis al desierto... ¡Maldito desierto! ¡Es la tierra de los hombres muertos! Al menos comprad unas medias de señora para la furgoneta, os lo ruego. Comprad unas medias y proteged con ellas el filtro de aire, porque si no el polvo y la arena os lo cegarán, griparéis el motor, os quedaréis tirados en el desierto y moriréis. Os lo pido por el amor de Dios: quizá un ángel os esté hablando por mi boca -se gira para mirarme-, quizá es tu madre quien habla por mi boca y te avisa para que tengas cuidado.

En nuestro mapa del outback aparece el dibujo de un águila, aquila audax, y Joy la señala con el dedo:

-Es la reina del desierto, el símbolo de nuestro pueblo. Si morís en el desierto, os encontrarán porque verán que el águila vuela en círculos sobre vuestros cadáveres. Pero basta con que uno de vosotros sea cristiano, eso os salvará a todos.

Reza para que tengamos un buen viaje. Nos da sus señas para que le escribamos, nos abraza y al final me susurra al oído:

-Si quieres, puedes sacarme una foto con tus amigos.

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El pasado 13 de febrero, el Gobierno australiano pidió perdón oficialmente a los aborígenes por las injusticias que se cometieron contra ellos en el pasado. En especial, a los aborígenes de la Generación Robada.

Se extiende esta costumbre de pedir perdón por las injusticias pasadas. La intención parece elogiable pero ¿puede pedir perdón el nieto en nombre del abuelo? ¿Y puede conceder el perdón el nieto de la víctima? ¿Qué derecho tiene el nieto de una víctima a hacer responsable de la injusticia al nieto del verdugo? Yo diría que ninguno.

Estos actos de petición de perdón histórico sólo son un poco de pirotecnia sentimental si no dan algunos pasos más: deben fijar la verdad completa de los hechos, deben reconocer el sufrimiento causado a las víctimas y deben reparar las injusticias que persistan hoy en día.

Hoy en día los aborígenes viven 17 años menos que el resto de los australianos. Padecen unas tasas disparadas de paro, alcoholismo, enfermedades, encarcelamiento, suicidios...

El Gobierno no atribuye ninguna culpa del genocidio aborigen a la generación actual de australianos. Con la petición de perdón pretende "reestablecer el respeto" y anuncia que después pondrá en marcha nuevos proyectos para paliar los gravísimos problemas de los aborígenes. Algunas asociaciones de aborígenes piden una indemnización de 594 millones de euros por las injusticias históricas. El Gobierno rechaza la petición pero se compromete a trabajar más para que mejoren los servicios sociales y la educación. Ahí se juegan el valor real de su petición de perdón.

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"La única manera de pedir perdón a las víctimas es hacer justicia". Son palabras de Hatidza Mehmedovic, presidenta de las Madres de Srebrenica, donde 8.200 varones fueron asesinados en julio de 1995.

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La única manera de pedir perdón a las víctimas es hacer justicia. Algún día los vascos tendremos que enfrentarnos a este asunto del perdón. Y no valdrá ningún perdón que no haga justicia con los asesinos de Isaías Carrasco.
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PD: recomiendo este texto de Eresfea. Bastan los hechos.

jueves, 6 de marzo de 2008

Argumentario



Saqué la foto durante Vespaña, en mayo de 2006, en algún punto de la ría de Arosa. Si os cuesta leerlo, pinchad sobre la foto y se ampliará.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Aquellos esquiadores revientanabos


Esta foto cumple hoy cien años. Son los primeros esquiadores vascos, en una excursión por Lekunberri el 5 de marzo de 1908 (entre ellos hay un noruego: el único que lleva guantes).

En 1906, el noruego Hafdan Mustad Heyerdahl se subió a una bici en San Sebastián y salió pedaleando en busca de un terreno que estuviera al borde de la carretera nacional y junto a un río. Lo encontró en Tolosa. Allí se levantó en 1907 una fábrica de la empresa Mustad, que vendía tornillos, clavos y anzuelos por toda Europa.

Los ingenieros y los técnicos noruegos que vinieron a Tolosa traían consigo los esquís. A finales de enero de 1908 cayó una nevada y Aimond Enebok, Albert Amundsen, Emil Pettersen, Bernt Topp y Hafdan Tollerud salieron del pueblo a buscar una rampa para hacer saltos. Un libro noruego de 1952, escrito por Jacob Vaage, lo relata así:

"Al lado de un caserío hicieron un trampolín y comenzaron a saltar. Los caseros vascos nunca habían visto semejante locura y se divirtieron mucho viendo saltar a los noruegos. Pero ocurrió que Bernt Topp sufrió una aparatosa caída, y metió un esquí y un brazo dentro de la nieve hasta la tierra sembrada. Los nabos salieron por el aire y un casero se enfureció. ¡Aquellos noruegos estropeaban su huerta! Les prohibió continuar los saltos y les mandó salir. Así terminó la primera exhibición de saltos de esquí en Tolosa".

A finales de febrero cayó otra nevada y el 2 de marzo los tolosarras Isaac López Mendizábal y José Eizaguirre salieron a esquiar por primera vez, dirigidos por Aimond Enebok. Tres días más tarde se les unieron otros tres amigos. Y estos son los que aparecen en la foto. De izquierda a derecha, Policarpo Elósegui (bisabuelo de nuestro amigo Luze), el noruego Aimond Enebok, Genaro Ruiz de Arcaute, José Eizaguirre, Ramón Irazusta e Isaac López Mendizábal.
En febrero de 1909 se fundó el Ski Club Tolosano y unos días después catorce de sus miembros participaron en un concurso internacional de saltos en la estación pirenaica de Eaux-Bonnes. El noruego Gustav Aas consiguió el segundo puesto y recibió un telegrama de felicitación del rey Alfonso XIII. El club desapareció en 1960.

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Para celebrar el centenario del esquí vasco, una cuadrilla de tolosarras ha organizado varios actos.

-5 de marzo, a las 20.00, en el Ayuntamiento de Tolosa: "La historia del esquí vasco", por Francisco Tuduri, historiador, y Jesús María Azurza, antiguo socio del Ski Club.

-6 de marzo, a las 20.00, en el Ayuntamiento de Tolosa: "El esquí hoy en día", mesa redonda con Josu Iztueta (participante en expediciones de esquí), Mikel Troitiño (especialista en snow board), Joseba Ormazabal (campeón vasco de esquí) e Isabel Dumall (múltiple campeona de España de esquí de fondo y de triatlón blanco), moderada por el periodista Aitor Elduaien.

-7 de marzo, a las 21.00, en el hotel Ayestarán de Lekunberri: cena y encuentro de esquiadores de todas las épocas. Convocatoria abierta hasta 150 personas.

lunes, 3 de marzo de 2008

La blogosfera efervescente

Otras dos grandes noticias en la blogosfera:

1. Hace un mes hablábamos aquí de Paco, el mejor profesor de Periodismo que conozco y un artista pronunciando la palabra BOBO y machacando deltoides ajenos. A partir de ahora, podremos leerle en su nuevo blog: Vagón-bar.

2. No tuve la suerte de que Miguel Ángel Jimeno (MAJ) me diera clase, pero también he aprendido mucho de él. Durante su etapa como director de la revista Nuestro Tiempo se convirtió en mi editor-director favorito. Cuando escribo un reportaje, siempre peco de incontinencia y me acaban saliendo textos mucho más largos de lo pactado. Con Miguel Ángel ni siquiera pactábamos nada: yo me enrollaba todo lo que me salía de las narices y él acababa encajando el reportaje en la revista. El año pasado, al hilo de Vespaña, quedamos en que escribiría un reportaje con cuatro rutas por España. Cuando llevaba dos, le mandé un mensaje apurado: oye, MAJ, que sólo he escrito la mitad y ya llevo ocho folios. ¿Qué hago? ¿Corto? Pero me da pena cortar: ¿no podríamos dejarlo en dos rutas, y menciono las otras dos sólo de pasada? Miguel Ángel me respondió que escribiera todas las páginas que me diera la gana, con una sola -pero exigente- condición: que fueran buenas.


Esa actitud me venía fenomenal -porque así colocaba todas mis morcillas de punta a cabo- y a la vez me admiraba. Yo le hablaba a Miguel Ángel del miedo que tienen las revistas a los textos largos, de su obsesión por trocearlos y ofrecerlos en muchos recuadros y despieces, todo bien masticadito. Muchos editores parecen convencidos de que ya nadie es capaz de leer más de una página de tirón. Y publican revistas para hojear. Pero Miguel Ángel, a contracorriente, dirigía una revista que siempre ha sido y sigue siendo... para leer. Una cosa extraña, sí.

Miguel Ángel no sólo tiene fe en los lectores, sino que también la tiene en la prensa. Otra cosa extraña. Por eso, junto con Txema Díaz Dorronsoro, acaba de poner en marcha un blog titulado La buena prensa, en el que mostrarán ejemplos de periodismo excelente. Es fácil cazar errores, denunciar chapuzas y escandalizarse con las manipulaciones y los tejemanejes de la prensa, ya hay bastantes blogs que lo hacen -algunos muy trabajados y muy interesantes-; pero resulta mucho más difícil y más interesante recoger los aciertos, analizar las razones de esos aciertos y convencernos de esa frase con aires andresmontesianos que luce como subtítulo del blog: "Porque todos los días se publican páginas de buen periodismo".

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