viernes, 31 de octubre de 2008

El maestro Leguineche

Una de las pequeñas consecuencias del terrorismo es el tiempo que nos hace perder. Tenemos que perder tiempo hablando y escribiendo contra las burradas y luego, de rebote, contra los mezquinos que aprovechan las burradas para exponer los delirios de su mundo de indios y vaqueros.

Así que venga: ya nos han hecho perder bastante tiempo. Volvamos a lo mejor de la vida. En esa parte me encuentro con una persona buena que además es un periodista excelente. Acaban de dar el premio Euskadi de literatura a Manu Leguineche por su libro El club de los faltos de cariño, un libro de apuntes delicioso, que casi parece un blog, aunque supongo que en el fondo el premio es un reconocimiento a su trayectoria impresionante como periodista. Me alegré muchísimo al escuchar la noticia.

Hace un par de años, gracias a Lucía, tuve la suerte de compartir comida y sobremesa con Leguineche en su casa de Brihuega (Guadalajara). La Asociación de Periodistas Vascos le había concedido un premio. Y dado que la salud de Leguineche anda bastante tocada como para hacer viajes, unos cuantos socios, entre los que me colé, fueron a Brihuega a darle el premio y a entregarle regalos y leerle cartas de mil amigos. Recuerdo las de Miguel Delibes y Javier Reverte, aunque hubo docenas. El siguiente detalle gustará a Carletto, a Charly y a otros futboleros: entre tantas emociones, cuando de verdad se le escaparon unas lágrimas fue cuando le entregaron un pequeño león de bronce que le regaló el Athletic de Bilbao.

Leguineche me impresionó. A pesar de la enfermedad, mantenía una amabilidad, una dulzura y un buen humor admirables, y, sobre todo, una retranca con la que defendía su timidez y disolvía los halagos que aquel día le cayeron encima por toneladas.


Copio el texto que escribí hace tiempo en el blog de Lucía:

"Como cualquiera que haya leído sus reportajes y sus libros, yo sabía que Leguineche es un gran reportero. No argumento esta afirmación con detalle porque se trata de la faceta más evidente y porque en realidad me interesa subrayar otra cosa.

Entre los periodistas que se mueven por el mundo (en tiempos de guerra o en tiempos de paz) hay muchos reporteros brillantes. Pero me llama la atención un detalle. Los grandes maestros (como Leguineche y Kapuściński, por ejemplo) tienen la rara habilidad de escribir en primera persona y a la vez poner el foco en las personas y las historias que tienen alrededor. Saben contar sus propias andanzas para bajar al lector a pie de tierra, envolverlo en olores, calores y polvaredas, pero en lugar de deslizarse por la cuestita del ombligo nos cuentan el mundo.

Sin conocer a Leguineche más que por sus textos y por las pocas horas del otro día, creo que en el fondo el asunto es muy sencillo: es muy buen periodista porque es muy buen tipo. De esto me han convencido sus dos libros-collage (La felicidad de la tierra y El club de los faltos de cariño –creo que casi todos coincidimos en criticar este título :- )). En esos libros recoge recuerdos de toda su carrera y su biografía, escenas de su vida en Brihuega, pequeños retratos, reflexiones, apuntes al vuelo. Me admira que un hombre que ha vivido tantas guerras y tantas historias tremendas sea capaz, a los sesenta y pico años, de acercarse con tanta ternura y con una ironía tan bondadosa a las historias minúsculas de la vida. Y me he convencido de que Leguineche ha contado así de bien las guerras porque es capaz de contar así de bien las andanzas de su gata Muki o las partidas de mus con los paisanos: sin cinismo, sin dar sermones, sin vender motos, sin colgarse medallas.

En la sobremesa del otro día, a Leguineche le cayó encima una catarata de halagos. Se emocionó con las cartas de los escritores y periodistas amigos, con los regalos, con las llamadas. Pero hubo un momento de sobredosis de alabanzas, un poco de empalago -cuánto te queremos todos, qué gran trabajo has hecho, qué lecciones de periodismo nos has dado, eres una referencia para todos- y Leguineche sacudió las moscas así: “Yo lo único que he hecho ha sido trabajar, lo demás os lo habéis imaginado vosotros”.

Dice nuestro amigo Antonio –al ver una foto que le envié de Leguineche- que sigue creyéndose eso de que la cara es el espejo del alma".

10 comentarios:

Erri-Berri dijo...

Plas, plas, plas (aplausos).

Y, con perdón, qué bonito es el fútbol.

el jukebox dijo...

Siempre he creído que Manu Leguineche es el nombre bajo el que actúa un colectivo internacional de periodistas. En redacción nos hemos reido muchas veces con su capacidad.
Si los sighs mataban a Indira Gandhi, a la hora llegaban tres largas tomas de Leguineche, explicando los pormenores de la existencia de la familia Gandhi, la situación geopolítica de la India y un amplio comentario sobre las diferentes religiones que conviven en el país. Si se le daban el Nobel a un escritor inédito en castellano, tres cuartos de lo mismo. Leguineche es un género periodístico.

Ander Izagirre dijo...

Muy bueno, Jukebox.

J. dijo...

Sienta bien Legueniche, un ejemplo de la tesis de Paco que tanto ha marcado a muchos de sus alumnos: "para ser buen periodista, primero hay que ser, simplemente,bueno"

eresfea dijo...

En la fotografía, exhala tres rosas rosas (valga la rebuznancia).

los amarillos dijo...

Ya sé que me cuelo, pero no sé dónde ponerlo mejor que aquí. Es un enlace del III congreso Internacional de Nuevo Periodismo que se está celebrando en Cáceres. ¡De lo que se entera uno en radio 5!
No interrumpo más. Abrazo patós!

los amarillos dijo...

Se meolvidaba el enlace
http://www.congresonuevoperiodismo.com/

Lucía Martínez Odriozola dijo...

"Cuando tenía pelo, y muy rizoso, fue el oso de peluche de mi hijo, que en cuanto veía en el periódico a un señor con gafas y bigote, me lo enseñaba: 'Un Manu, un Manu'. Creía el niño que los Manus eran una raza, y efectivamente lo son: una raza de uno solo, única, irrepetible".
Lo cuenta Francisco Umbral en un artículo publicado en El Mundo en mayo de 2005 y reeditado en 'Guadalajara tiene quien le escriba', libro homenaje editado con motivo del homenaje que el 31 de octubre hizo la Diputación de Guadalajara a Manu Leguineche.

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Perdón: el artículo de Umbral es de 1995.

Ander Izagirre dijo...

Pacotto dice algo muy interesante
sobre el nuevo periodismo.

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