lunes, 6 de octubre de 2008

Fútbol inuit

Si en mi lecho de muerte echo en falta un par de horas para rematar algo, lamentaré las que perdí el pasado sábado viendo el horrendo Sevilla Atlético-Real Sociedad (1-0). Aquel caos de patadones sin rumbo, tropezones y movimientos descoordinados me recordó primero a un balet de monos y después a los inicios del fútbol esquimal.



"Ese año había en la Compañía un empleado escocés por el que los niños sentían un cariño especial. En verano decidió enseñar a los nativos a jugar al fútbol de verdad, no a su variante, que consistía en que todos los miembros de la comunidad, abuelas incluidas, tuviesen una oportunidad de patear la pelota en todas las direcciones posibles. Se había traído de Escocia un balón de fútbol reglamentario y, después de escoger la mejor extensión de terreno llano y cubierto de tundra que había entre nuestra casa y el antiguo puesto de la Compañía Comercial de Baffin, su amigo Kovianaktiliak y él clavaron dos pares de postes con una vieja red de pesca tensada entre ellos para que sirviesen de porterías. ¡Se acabaron las tonterías!

Hizo acudir a los jóvenes, chicos y chicas, que le observaban entre risas y ocasionales patadas al balón. Con gran seriedad les hizo parar y los dividió en dos bandos de once jugadores cada uno. John y Sam [los dos hijos pequeños del narrador] presenciaban los preliminares con gran expectación.

Para empezar el partido, dio un toque de silbato. No pasó nada, así que pito otra vez, y otra, hasta tres veces más. Los dos equipos se pusieron a bailar, intentando seguir el ritmo de los pitidos.

-¡No, no! -gritó el escocés-. Venid, os enseñaré.

Cogió a dos chicos y una chica y los dispuso como defensa frente a una de las porterías, después disparó la pelota hacia ellos con destreza. Los chavales se apartaron cortésmente para dejarla pasar.

-¡Eh, Tomasi! -le gritó al intérprete de la Compañía-. Hazme el favor de aclararles las cosas a estos jugadores, ¡cuéntales lo de los equipos, la defensa, el ataque!

Tomasi le escuchó y después explicó a los presentes en inuktitut algunas reglas del juego. Le dijo al escocés:

-Ya lo han entendido. ¡Empecemos!

Con otro toque de silbato el partido comenzó en serio, aunque no de la manera en que el árbitro lo había planeado. Nuestro hijo John, que entonces tenía cinco años, se incorporó al juego, y Sam, que no se pensaba las cosas dos veces a pesar de contar con tres años de edad, salió en pos de él, dispuesto a todo. El escocés, entusiasta del fútbol serio, se llevó las manos a la cabeza cuando vio a unas cuantas ancianas lanzarse al campo para propinarle su patada a la pelota. Luego se apuntaron hombres maduros y mujeres con niños en las capuchas, seguidos de varios cachorrilos de husky que se creían jugadores.

Saltaba a la vista que para John y Sam se trataba del mejor juego del mundo. A nadie le interesaba si había dos bandos y hacían caso omiso de las porterías. Su única meta era darle una buena patada a ese nuevo balón de fútbol escocés.

Si su primera impresión es que este juego no era más que un rudo entretenimiento, se equivocan. Es cierto que la base del juego no era un equipo en pugna contra otro, ni tampoco desde luego una persona contra otra. Ése no era el estilo de los inuit. El objetivo era dar lo mejor de sí mismos mediante intentos rápidos y habilidosos por controlar o disparar la pelota. No intentaban vencer a sus vecinos, ¿por qué iban a hacer algo semejante? Dependían de sus vecinos, quienes a su vez dependían de ellos. Además, vencer a otra persona no supondría para nadie más que un bochorno vergonzoso".

James Houston, Memorias del Ártico. Mi vida con los inuit. (Alba editorial, 2000).

En las dos siguientes fotos, también de Dani Burgui, podéis ver un entrenamiento del TM-62, equipo de fútbol de Kulusuk. El TM-62, que se entrena en el salón comunitario del pueblo, obtuvo su mayor gloria en el 2007, cuando alcanzó las semifinales del campeonato de Groenlandia y fue eliminado por un error arbitral.





Y en la siguiente foto podéis verme acosando a un habilidoso lateral groenlandés, en el partido disputado sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto internacional de Kulusuk.



Más fotos groenlandesas de Dani Burgui.

9 comentarios:

LUISGUI dijo...

TM-62 me suena a submarino nuclear ruso escondido bajo los hielos del ártico con Sean Connery de capitán más que un equipo de fútbol. Pero en cualquier caso tiene que ser increíble ver a esa gente jugando al fútbol en esas condiciones tan duras... Para que luego los Guti y esta anda de nenazas se quejen de un entrenamiento duro, que llueve o hace frío. Ahí los quería ver yo en Groenlandia... Ah, propongo a Clemente de entrenador para allí. Patadón para arriba, patadón para abajo.

Erri-Berri dijo...

Todo absolutamente magistral. Pero una cosa: tu Seviila At.-Real Sociedad, aunque tú no losepas, es una de las cosas más bonitas que has visto. (Yo ayer estuve en un palco del Bernabéu viendo a dos de mis 4 o 5 equipos, y si eso es fútbol, que baje Ricardo Zamora o Alberto Ormaetxea, y lo vea) Y lo vas a recordar toda la vida. Ese sufrimiento, ese rival, ese campo, y hasta ese resultado. Así se forjan las leyendas del fútbol.

¡Epa! ¿No es ese que ejerce la presión en el aeropuerto de Kulusk el mítico Larrañaga? ¿O acaso es Lorenzo Juarros?

Ander Izagirre dijo...

Interesante teoría, Erri-berri. Deja que pase una semana y empezaré a considerarla. Ahora mismo, todavía ando con las secuelas psicológicas y no sé si cortarme las venas o dejármelas largas.

Larrañaga y Loren: sí, ya me dijiste que juego mejor sin balón. Y todavía mejor sin rivales, añado.

La fase final del campeonato de Groenlandia se juega en Nuuk, la capital, y acuden los mejores equipos de cada región. Recordemos que en Groenlandia viven 55.000 habitantes (el sábado hubieran cabido todos en el vacío estadio del Sánchez Pizjuán y en un par de bares de los alrededores), y que esos poquísimos habitantes están desparramados en una isla congelada del tamaño de cuatro españas, distribuidos en unos pocos fiordos helados y remotos. Juntarse para jugar al fútbol tiene un mérito impresionante.

Sergio dijo...

A uno que yo me sé, así se le partió el ligamento cruzado anterior y dejó de cazar focas por dos temporadas.
PD : El de rojo está en claro fuera de juego.

(Aunque se lo tendría que decir a él, lo pongo aquí; fantásticas las fotos de groenlandia)

Silvia dijo...

Arriba las abuelas inuit! Me ha recordado un partido de futbol que jugamos en una comunidad indígena en los Andes de Ecuador, a más de 3.800 metros de altura. Todos querían llegar a la pelota y patearla para luego perseguirla y volverla a patear. Total, que al final mi plan de ser portera y no ahogarme en dos carreras por la altura fracasó..

Me ha gustado mucho, está bien recordar que algo que pensamos universal no lo es tanto. Gracias por compartirlo!

Ander Izagirre dijo...

Lamento decepcionarte, Silvia, pero el fútbol es universal de narices. También está extendidísimo en Groenlandia, aunque los chavales del pueblo tomaron a Dani por el verdadero Messi. Y supongo que también te decepcionará saber que el torneo nacional de fútbol se llama Copa Coca Cola (con hielo, supongo).

Pero no es un detalle malo de la globalización. Nosotros pudimos echar un partidillo en el aeropuerto groenlandés y tú pudiste participar en el partido andino. ¿Qué opinas de la idea de prohibir los partidos internacionales a más de 2.500 metros de altitud?

(Otro dato: Groenlandia participó con selección propia en la fase final del Mundial de balonmano de 2001).

Silvia dijo...

Mi gozo en un pozo... pero sí, la verdad es que ya he visto varias veces que esto del fútbol une. Aceptamos fútbol como elemento globalizador. Eso sí, abajo la Coca Cola! (el único anuncio publicitario que encontré en la comunidad indígena era precisamente de esta bebida!)

La idea de prohibir los partidos internacionales a más de 2.500 metros la apoyo sin dudar, sobre todo si entre los internacionales estoy yo!

sintomático dijo...

Ayer en Nueva Condomina (Murcia 1 - Elche 0), mi hermano me dijo: "Nunca en la vida había visto un partido tan ruinoso".

Me apunto al fútbol inuit... Parece que el lateral te va a hacer una 'cola de vaca'.

Ander Izagirre dijo...

Lo intentó, Sintomático. Pero por algo me llaman el Rompehielos de Kulusuk.

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