miércoles, 8 de octubre de 2008

Advertencia leal contra los libros de viajes

Me voy un par de días a patearme los rincones del valle navarro de Aézcoa. Pretendo subir a una montaña coronada por los restos de una torre romana, caminar por la segunda mayor selva de Europa, asomarme a varias cuevas, visitar una vieja fábrica de armas comida por la vegetación, ver hórreos y estelas, charlar con los habitantes del valle. ¿Para qué? Para reducirlo todo a unos cuantos centímetros cuadrados de superficie literaria.

Os dejo con el prólogo de Aventuras de una peseta, un libro viajero que escribió Julio Camba en 1942:

"Advertencia leal contra los libros de viajes

Hay quien envidia la suerte del escritor viajero.

-¡Las cosas que verán tales hombres en este mundo! -piensan algunas personas.

Pero en este mundo, y supongo que en todos, el pobre escritor no ve más cosa que una: artículos. Para la mayoría de las gentes, el desierto es el desierto, y el bosque es el bosque. Para el escritor, en cambio, el desierto es una crónica, y el bosque es otra crónica. Usted, amigo lector, me deja a mí frente al mar, pongamos por caso, mientras va a darse un pequeño paseo, y cuando vuelva, ¿qué creerá usted que he hecho yo con la azul inmensidad? Pues exactamente lo mismo que hubiera hecho con una iglesia románica, con un par de calcetines, con un discurso del Sr. Lerroux, con una puesta de sol o con un nuevo procedimiento para combatir la tuberculosis: la habré cogido y la habré transformado, reduciéndola a una superficie literaria de 150 centímetros cuadrados, poco más o menos.

(...)

El diabético convierte en azúcar todo lo que ingiere, el hepático lo transforma en bilis, y el escritor lo reduce a literatura, ya biliosa o ya azucarada. ¡Y aún hay quien aspira a conocer el mundo a través de los libros de viajes!

Los libros de viajes son una impostura, porque el escritor, que sólo ve sin prejuicios las cosas de que no habla, esto es, las cosas de una elaboración literaria más difícil, habla únicamente de las cosas que no ve, es decir, que no ve como tales cosas, sino como crónicas periodísticas o como capítulos de novelas. De mí sé decir, por ejemplo, que, obligado a veces a hacer un artículo, y disponiendo de una catedral gótica que había visitado momentos antes,y de la levita del gerente del hotel como materiales a elaborar, me he decidido por la levita del gerente y he despreciado la catedral gótica. Para cualquier tendero veraneante, aquella catedral, en cuya construcción habían trabajado sin descanso quince generaciones sucesivas de obreros y artífices, hubiera representado infinítamente más que una levita. Para el escritor, en cambio, la levita tenía mayor interés, y no porque fuera una levita maravillosa, sino porque era una levita grotesca.

Decididamente, si hay un modo peor de ver el mundo que como escritor viajero, es como lector de las impresiones de los escritores viajeros. Advirtámoslo sinceramente en el pórtico de este libro de viajes".

16 comentarios:

Sergio dijo...

La penúltima vez que estuvimos en la torre Urkulu, azotaba el viento y la mitad norte estaba cubierta de agujas de hielo, en tanto que la soleada del sur, donde nos resguardamos, estaba limpia.
Si pasabas la mano por la zona helada, las agujas, al romperse, sonaban como campanillas.
No hablamos con nadie, bueno, sí, con una oveja a la que pregunté el camino y que me respondió : "Be".
Y yo fui.

Mei-bi dijo...

Me gusta ponerme tus gafas y ver levitas grotescas. Las catedrales ya las ire a vistar yo.

Un besote.

mòmo dijo...

Consuelo para tontos. Como quien dice "no me envidies por comerme este entrecot a la brasa en su punto, tu hojita de lechuga sin aderezo es sin duda mucho más sana"...

cuaderno de viajes dijo...

Los libros de viajes no sabes si ha ido o no el autor, lo mejor es consultar un quaderno de viaje online, donde la gente que explica su experiencia en los viajes que han hecho.

Erri-Berri dijo...

Es magistral. Y lo bueno es que lo que él aplica a los libros de viajes, vale para las crónicas del partido del siglo, para los artículos de Internacional, para las reseñas de libros, para...
Camba es de esos escritores que te hacen pensar: ¿En qué agujero del Averno he estado metido estos últimos 25 años para no haberlo conocido antes?

Xabi dijo...

Estoy con mómo. La verdad es que te vi sufrir mucho mientras paseábamos por Jaizkibel, sí (sobre todo cuando el camino tiraba p'arriba, porque lo demás...).

Me gustaba más cuando nos dabas en los morros con lo sacrificadísimo que era hacer ciertos trabajos que con esta quejosa justificación ;-)

IMANOL dijo...

No te olvides el paraguas, que de la ventana veo llover a mares,y por ahí debe llover el doble. Si te responde una oveja Beee..., mejor que si te dice Papaaa... (esto le suele suceder a Patxi por el Adarra)

Paco dijo...

Lo de Camba está bien: ha hecho con el prólogo lo mismo que con la levita. Buen truco. Pero no es verdad, sólo una parodia, como tú muy bien sabes y demuestras.

eresfea dijo...

Camba era un gallego de Cádiz.
Vas a disfrutar. Atento a los colores, llegas en un momento idóneo.

Caravinagre dijo...

"Camba era un gallego de Cádiz". Eresfea, ¿crees que es posible recondensar más en menos espacio?

Oye, Ander, te paso las señas inglesas y me envías el libro de Camba, ¿va? ;-) La verdad es que me ha encantado este prólogo.

Hombre y eso de que sólo vemos artículos y reportajes, en el sentido bueno del asunto, no en el utilitarista, es cierto. Yo a veces veo el mundo "encronicado" o "reportajeado". Pero no nos engañes con el entrecot y la lechuga, Ander.

Y sí, Eresfea, Aézkoa en esta época del año es un espectáculo y la segunda mayor selva de Europa es un festival de colores, frgancias, sonidos, texturas y... sabores. Mi padre no hace más que recordarme el paseo por Irati que me estoy perdiendo este otoño.

Un abrazo a todos.

J. dijo...

Nunca confundir realidad con lo que escribe un escritor.

Uy.

alvarhillo dijo...

Te envidio. Estuve hace años con mi mujer pasando una semana y nos encantó. Coincidimos con las fiestas del valle que se celebran cada año en un pueblo diferente y ese año fué en Aria, que te recomiendo visites.
Disfrutalo.

Ander Izagirre dijo...

Ya estoy de vuelta, enamorado de Aézkoa. Qué maravilla. Los bosques estaban espléndidos, he charlado con gente encantadora, he disfrutado como un mono paseando bajo la lluvia por montañas, cuevas, crómlechs, ruinas y pueblos. Qué gusto.

Lo de Camba no es ninguna justificación (¡eh, Xabi!) sino una advertencia gallega-gaditana (ole). Siguiendo a Mei-bi, uno no lee un libro de viajes para saber de qué estilo es una catedral sino para saber qué dice Camba sobre la levita del gerente de un hotel (por mucho que le pese al atropellado comentarista que firma como "Cuaderno de viajes", quien, al parecer, viene por aquí con poco tiempo para leer, poco tiempo para escribir y el tiempo suficiente para hacerse publicidad: spam para hoy, hambre para mañana).

kat dijo...

Ayer fui a ver a Vila-Matas a la Fnac de Bilbao. Mentó a Cambas, explicó cómo cuando éste iba con sus amigos a ver el mar, todos veían el mar, menos él, que veía un artículo. Yo me quedé pensando ¿dónde acabo de leer esto? Lo acababa de leer aquí.
Parece el comienzo de una historia de Vila-Matas, pero así fue.

Ander Izagirre dijo...

Kat, seguro que tú eres Vila-Matas. Zure blogeko lotura jarri izan ez bazenu, hori pentsatuko nuke...

David Álvarez dijo...

¡Anda! El lunes aterricé terminando de leer justo eso de Camba, que me había guardado para no sé qué. Qué cosas.

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