viernes, 17 de octubre de 2008

Abodi (1): paseo de la luna al sol

Ayer a las ocho de la mañana caminé por los altos de Abodi (altitud: 1.400-1.500 metros) y a mi espalda quedaba la luna llena. A esas horas ya estaba lejana y pequeña, pero durante la noche, vista desde el ventanuco de la furgoneta, parecía un gigantesco anuncio de queso roncalés brillando sobre los Pirineos.


Delante de mí estaba el sol, peleando por asomar entre la niebla.


A mi izquierda, los fiordos de niebla que inundaban la selva de Irati.


Ayer en Abodi a las ocho de la mañana, caminando entre la luna y el sol, palpando con las botas las praderas empapadas y mullidas, empecé a sentirme ligero, muy ligero, tan ligero que me parecía flotar. Creí que iba a volar pero en realidad era un leve bajón de azúcar. Apenas había desayunado una pera y un melocotón antes de echar a andar, y mi organismo es de alto consumo energético (el término científico es tragaldabas). Paré un momento, comí dos barritas de cereales y dos puñados de pasas sultanas, y caminé hasta el collado de las Alforjas (1.430 metros), donde un poste me indicó el camino para pasar, agachando un poco la cabeza, entre el cielo y la tierra.

16 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Qué bueno

albardäo dijo...

Oh!

eresfea dijo...

¡Esto parece el comienzo del evangelio de San Juan!

Eric dijo...

El collado de las Alforjas. Buen sitio para parar a repostar. Te hubieran hecho falta unas buenas alforjas, mira lo que dice el diccionario de la RAE en la segunda acepción de la palabra:

2. f. Provisión de los comestibles necesarios para el camino.

Impresionantes fotos.

Ander Izagirre dijo...

Sí, Eric, es un buen nombre. Ese collado era el paso por el que los vecinos de Otsagabia cruzaban la sierra de Abodi para ir a trabajar a los bosques de Irati (leñadores, carboneros, arrieros...). Con esa historia, ese topónimo y esa niebla, era fácil imaginar las escenas de hace décadas en el collado.

Sergio dijo...

¡Jo, qué fotos! (y texto, aventura, y menú).

Ander Izagirre dijo...

Acabo de leer que le llaman Paso de las Alforjas porque allí hay un par de hondonadas (son dos dolinas: hundimientos de zonas calizas, en forma de embudo). Qué curioso.

Caravinagre dijo...

Sí, de hecho, justo entre una cumbre y otra de Abodi está ese paso y parece que se pueden colgar alforjas -como a un burro- sobre el lomo del monte. Un sitio excelente, Ander. Como ya dije es uno de mis favoritos.

¿Viste el menhir caído de Arrizabala? es de los más grandes de la Península y no sé si de Europa, pero está tumbado, mide casi cinco metros. ¡eso sí que es un pedrusco!

¡menudo paseo!

P.D.: envidia, envidia, envidia.

Ander Izagirre dijo...

¡Ostrás! El pedrolo ése que me llevé para hacerme un llavero ¿era un menhir?

Marta dijo...

Yo igual que Caravinagre: envidia, envidia, envidia. Qué bonitooooo

Caravinagre dijo...

Sí, sí, creo que era un menhir. Sí juntas cinco mehires haces "hamarreko". Yo y mi cuadrilla solemos coger unos cuentos pa' echar unas "partidicas" al mus en el monte.

Miguel dijo...

Ander, es usted todo un maestro de la vida y de la narrativa.
Un abrazo.

David Álvarez dijo...

Impresionante.

Paco Sánchez dijo...

Les decía a los dos Davides (Alvarez y Beriain) el viernes en Madrid que escribes con unas palabras que poseen una consistencia sorprendente, admirable. Y aún no había leído esta esta entrada.

Ander Izagirre dijo...

Muchas gracias, Paco. No sé muy bien qué significa eso de la consistencia, pero te lo agradezco mucho.

Lamia dijo...

Texto e imágenes tienen magia. También yo he flotado y me he sentido ligera gracias a ellos.

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