sábado, 29 de marzo de 2008

Ruinas de Londres y Buenos Aires

En Guipúzcoa se contaban más de cien caseríos bautizados con nombres de lugares remotos. Hay (o había) caseríos llamados Caracas, Habana, Gibraltar, Tetuán, Tánger, Argel (Argel-haundi, Argel-txiki y Argel-etxeberri), Túniz, París, Rodas, Sebastopol, Alejandría, Esparta, Ebro, Toledo, Algarbe o Madriltxo. El más repetido era nada menos que Babilonia: al menos seis caseríos se llamaban así (hoy en día existen caseríos Babilonia en Oiartzun, Usurbil y Albiztur). Aquí hay materia prima para un reportaje.

Esta mañana caminaba por las laderas de Mitxitxola -una pequeña cumbre herbosa del monte Jaizkibel- cuando me he topado con las ruinas de Londres.




(Foto 1: Londres en ruinas. Foto 2: cumbre de Mitxitxola -con un ovni de arenisca posado en la cumbre- vista desde la cocina de Londres).

Entre las ruinas aparece una placa metálica, colocada en 2005 por los miembros de la asociación cultural y deportiva Itsas Mendi, que recoge los versos que un tal Ikur dedicó al caserío en 1933.

Toki berexi baten daukagu / Londres baserri ederra / baserri au egin zanean / non ote zegoan euzkera /andre alargun baten gañ / bertako gora bera / esne arrantza ta berdura / badarki aski saltzera.

(Traducido a botepronto, sin respetar rimas ni métrica: "El hermoso caserío de Londres se levanta en un sitio peculiar. Cuando se construyó este caserío, dónde estaría el euskera. Una viuda se encarga de hacer las tareas. Trae leche, pescado y verduras para vender).

Más adelante, en una pradera asomada a los acantilados de Grankanto, me he encontrado con las ruinas de Buenos Aires (un caserío al que también llamaban Bonazaitza), mucho más antiguas y casi desaparecidas.



Aquí también hay otra placa metálica con versos, esta vez compuestos en el mismo 2005 -cuando colocaron la placa- por un tal Joseba:

Hemeretzigarren gizaldian / betirako txikitua / Bonazaitza baserriak ez du / berriz emango fruitua / Gerretan ohikoa den bezala / edozein antzutua / Bonazaitza erreka, eutsi! / inguru hau piztua.

(A botepronto: "Destruido para siempre en el siglo diecinueve, el caserío Bonazaitza no volverá a dar fruto. Como ocurre en las guerras, todo queda esterilizado. Arroyo de Bonazaitza, mantén con vida este rincón").

Gugleando un poco he leído que estos caseríos costeros fueron expropiados por el Ejército, cuando militarizó las laderas de Jaizkibel (y las quemó unas cuantas veces durante sus maniobras). No tengo más fuentes para regar el reportaje. Esta mañana he preguntado a la guardiana del lugar -la de la foto- si realmente hubo alguna guerra, como dicen los versos, y quién destruyó Buenos Aires. La guardiana ha rumiado un poco la respuesta y me ha dicho: ¡Maaaaaa!

viernes, 28 de marzo de 2008

Un encuentro aceitoso

Una mañana visitamos las ruinas de la inmensa ciudad romana de Volúbilis (cerca de Fez, Marruecos). Allí vimos una rueda de molino con la que los romanos trituraban las aceitunas.

Esa misma tarde, en una aldea a pocos kilómetros de Volúbilis, encontramos a una familia que trabajaba con la mismísima tecnología de hace dos mil años.

Nos acercamos a saludar y enseguida sacaron un plato con dos dedos de aceite y una hogaza para que mojáramos en él. Luego llenaron una botella de plástico con litro y medio de aceite y nos la dieron. Quisimos pagarla, pero como no querían aceptar ningún dinero, les regalamos unas camisetas y unas botas viejas que llevábamos en el coche. Una de las mujeres hizo en el momento una gran tortilla y nos aculillamos en corro para comerla a ocho manos.


Nos acordamos mucho de Antonio, el hombre mejor lubricado del mundo (1 y 2).

martes, 25 de marzo de 2008

Los pequeños guardianes del mundo (1): Xabier Cabezón


Admiro a personas como Josetxo Mayor, Javier Etxepare o Xabier Cabezón. Han escogido un pedacito de este mundo y dedican sus esfuerzos, su tiempo y a veces hasta su dinero para cuidarlo, mimarlo, protegerlo. Trabajan en silencio, tratan de arreglar los abandonos o los destrozos que hieren sus pequeños territorios, se afanan por prepararlos para que otros visitantes y caminantes puedan disfrutarlos. En vez de quejarse, madrugan y se echan al monte con una azada, una hoz o un gps. Ninguno espera a que llegue una subvención para moverse.

Me fascina ese empeño generoso y callado, ese amor por el mundo. Josetxo Mayor lleva veinte años subiendo al monte Ulía para limpiar los viejos caminos y abrir nuevos. Allí está todos los días del año -salvo el primero de cada mes, ya explicaré el motivo-, de siete a diez de la mañana, llueva, nieve o truene. Javier Etxepare ha construido más de doscientas fuentes en las montañas de Álava, para que los cazadores, los seteros y los excursionistas nunca pasen sed. Y Xabier Cabezón lleva más de 30 años rastreando los rincones remotos del valle de Leitzarán y los documentos más polvorientos para recuperar la historia de sus minas, ferrerías, molinos, trenes y puentes, y para intentar frenar los destrozos que se están comiendo medio milenio de historia guipuzcoana.

Xabier ha descubierto ruinas de las que no se acordaba nadie, como las vías de un tren minero o unas bocaminas y unas galerías borradas de la historia, ha dibujado planos de las viejas ferrerías, ha escrito informes exhaustivos sobre los restos desperdigados por el valle. Y mantiene una página web que es la Biblia del Leitzarán, en la que ofrece toda esa información y muchas sugerencias para paseos y visitas. Por si fuera poco, hace un par de semanas también puso en marcha un blog sobre el Leitzarán.

En el blog repite una vieja denuncia que nadie atiende: hace un año, la empresa propietaria de una central eléctrica destrozó la ferrería de Plazaola, una de las más antiguas del valle (aparece en documentos de 1415 y para entonces ya llevaba tiempo funcionando) y la mejor conservada hasta entonces. La ferrería está protegida por la ley (es zona de presunción arqueológica). Xabier informó del destrozo a la sociedad de ciencias Aranzadi y después pasaron el aviso al departamento de Cultura de la Diputación de Guipúzcoa. La Diputación no ha respondido ni ha movido un dedo. Un año más tarde, la ferrería sigue destrozada y medio sepultada por las excavadoras de la empresa hidroeléctrica.

El verano pasado escribí un reportaje sobre Xabier y la memoria en derribo del Leitzarán, que podéis leer aquí. En la foto aparece Xabier con su hijo Unai, que sigue los pasos de su padre y pronto nos ayudará en un pequeño reportaje para la tele. Posan ante uno de los muros de la ferrería de Plazaola que quedan en pie, devorados por la vegetación como una ruina camboyana.

sábado, 22 de marzo de 2008

Poesía


"Y en el centro de la bahía, la inmóvil isla de Santa Clara", escribió el alumno. Intenté explicarle por qué sobraba el adjetivo. Y me respondió a media voz: "Ya, pero es que yo suelo escribir poesía".

Poesía, poesía.
Yo poesía un gato,
pero se escapó
el muy perro.

(La foto la encontré aquí)

viernes, 21 de marzo de 2008

Bahía de piratas y brujas



Un rincón bastante olvidado de Hendaia: la bahía de Loia. Se sabe que esta ensenada rocosa albergó el primitivo puerto de los hendaiarras, porque consta que en 1680 los marinos hondarribitarras vinieron aquí y robaron dos barcos. La víspera, los hendaiarras habían matado a un hondarribitarra de un arponazo.

También se dice que en este paraje se reunían dos o tres mil personas para celebrar los akelarres más multitudinarios del País Vasco. El recuento quizá se hacía con el mismo método con el que algunos cuentan ahora manifestantes. Al margen de las estimaciones, hay un hecho: la Inquisición quemó a una joven de un caserío cercano, acusada de bruja.

En la segunda foto, Francis y Óscar se asoman a Loia, enmarcados por los postes que aún se emplean en cierto oficio litoral (adivinanza facilita).

Lápidas en el mar

En francés, a estos peñascos de Hendaia se les llama Les Deux Jumeaux (las dos gemelas).

La leyenda dice que las dos rocas fueron lanzadas desde la cumbre de Peñas de Aya por los gentiles (los seres gigantescos que habitaban el País Vasco antes de la llegada del cristianismo).

Los marineros de Hendaia y Hondarribia tenían otro nombre para los peñascos: Dunbarriak (las piedras de la tumba, las lápidas), porque las corrientes arrastraban a los barcos hasta esas rocas y los estrellaban. Hoy nos hemos acercado con la marea baja, cuando la Dunba Zabala (tumba ancha) y Dunba Luzia (tumba larga) no son islotes sino peninsulitas.



miércoles, 19 de marzo de 2008

Feliz José

Si la Guardia Civil de Algeciras sospecha de los frecuentes viajes a Marruecos de un roñoso y descolorido Opel Kadett con matrícula de San Sebastián, puedo aportar estas dos fotos para aclarar los verdaderos motivos de su conductor.

Las fotos fueron tomadas en la primera tarde que el conductor del Opel Kadett pasó en Marruecos, el 3 de enero de 2007. Propongo título y subtítulo: "La felicidad. Josema descubre que en Tánger se puede comer por un euro".





Desde entonces, en trece meses Josema ha viajado tres veces a Marruecos y una a Túnez.

En la festividad de San José, deseo a todos los Josés y los no Josés que disfruten de felicidades como ésta un puñado de veces al año.

PD: Un José que hoy cumple años.

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