viernes, 14 de diciembre de 2007

Arenisca y esmalte

Ayer jueves paseé de nuevo por las calas y los acantilados de Jaizkibel, donde abundan las rocas de arenisca erosionada.

El martes me quitaron la penúltima muela del juicio porque estaba cariada. Hoy viernes me han quitado la última, por la misma razón.



miércoles, 12 de diciembre de 2007

Tomar partido (Gervasio Sánchez)




La chica que aparece en las cubiertas de estos tres libros es Sofía Alface, de Mozambique. En la primera aparece con 14 años, en la segunda con 19, y en la tercera con 24. Cuando tenía 10 años fue a recoger leña con su hermana María, de 8. Pisaron una mina. María murió y Sofía perdió las dos piernas.

Sofía estará mañana en San Sebastián. Le acompañará el bosnio Adis Smajic, que perdió un ojo y una mano por culpa de otra mina cuando tenía 13 años. Sus historias son dos de las siete que recogió el periodista y fótógrafo Gervasio Sánchez en el libro Vidas minadas (1997). Cinco años más tarde, Sánchez publicó una segunda parte en la que mostraba cómo era la vida de estas personas pasado un lustro. Y ahora presenta Vidas minadas. Diez años después. Lo hará mañana, 13 de diciembre, a las 19.30, en la sala de actos de la Biblioteca Municipal de la Parte Vieja (la cripta, acceso por la calle San Jerónimo). Allí estarán Gervasio, Sofía y Adis.

Sánchez es uno de los fotoperiodistas internacionales más prestigiosos. En los años ochenta fotografió los conflictos de América Latina (El Salvador, Nicaragua, Colombia…). En los noventa trabajó en los Balcanes y en las guerras de África (Ruanda, Burundi, Angola, Liberia o Sierra Leona). También viajó a Timor Oriental y a Afganistán.

Además de su talento artístico y su pericia técnica, lo que realmente llama la atención es su cercanía con las víctimas. En medio del horror, Sánchez siempre se acerca a las personas. Porque le preocupan. Así de sencillo y de inusual. Le preocupaba, por ejemplo, la vida de los niños soldado que conoció en las guerrillas latinoamericanas y africanas. Junto con Chema Caballero, misionero en Sierra Leona, ideó el proyecto Salvar a los niños soldado, para rehabilitar a estos chavales que habían pasado su infancia repartiendo y recibiendo tiros y machetazos. Publicó un libro de fotografías que relataba esas historias atroces. En 1997 terminó el primer volumen de Vidas minadas, en el que relata la pesadilla que viven los habitantes de los países cuyos territorios han sido minados (con minas fabricadas en España, por ejemplo). La obra muestra los retratos y narra las vidas de siete personas que quedaron mutiladas en países como Camboya, Angola, Bosnia o Nicaragua, como Sofía o Adis. Y Sánchez sigue junto a estas víctimas cinco y diez años más tarde, porque le preocupa cómo avanzan esas vidas que un día fueron destrozadas por una mina.

Extraigo dos fragmentos de la entrevista que le hicieron a Gervasio Sánchez en la revista Greenpeace.

-¿Un periodista ha de tomar partido en una guerra?
-Por supuesto que sí, hay que tomar partido por las víctimas. En una guerra ya se sabe que la primera víctima es la verdad, pues para conocer la verdad lo que tienes que hacer es estar al lado de las víctimas. Porque son la única verdad incuestionable de las guerras. Cuanto más cerca estás de ellas, más cerca estás de la verdad.
-Después de tantos años viendo guerras y sufrimiento, ¿qué le anima a seguir adelante?
Mi trabajo me gusta mucho y recibo muchas compensaciones. Me relaciono con las víctimas de la guerra y eso me aporta mucho. Conozco a niños que han sido soldados y he visto cómo se reincorporan a la vida normal o forman una familia. Todo esto hace que yo no necesite ir al psicólogo. Hay colegas que trabajan en una redacción y acaban yendo a consulta porque terminan aburridos de su vida. Yo hago una balanza y en un lado sale lo peor del hombre en las guerras, pero también sale lo mejor. Ves al que se juega la vida por esconder en su casa a la hija de un vecino para que no la violen y la maten.

(Más información sobre el proyecto, los libros y el autor).

lunes, 10 de diciembre de 2007

Teletienda (con perdón)

La editorial Elea acaba de publicar la tercera edición de Los sótanos del mundo, relato del viaje por la depresión más profunda de cada continente. En esta página podéis encontrar más información sobre el libro y leer algunos fragmentos.

Si alguien quiere comprarlo pero no lo encuentra en las librerías o está acatarrado y prefiere no salir a la calle, puede pedirlo en esta dirección: info@eleaeditorial.com. Basta con mandar el nombre completo y las señas, pedir un ejemplar y la editorial lo enviará por correo (coste: 18 euros que se pagan contra reembolso, el mismo precio que en la tienda).

El autor desea a sus lectores que el viaje por las depresiones geográficas no les produzca ninguna depresión psicológica.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Antonio subiendo al monte Carmelo

Al texto del pasado miércoles le faltaba esta foto de Antonio en una noche oscura, con ansias, en amores inflamado, ¡oh dichosa ventura!... (el título se lo he copiado a Eresfea).

viernes, 7 de diciembre de 2007

Jornada de trabajo

Me pagan para que pasee por estos lugares. Creo que es la cumbre de mi carrera laboral.

(Fue una jornada completa, de ocho horas: empezamos a caminar a las 8.30 y paramos a las 16.30, con pausas para el picoteo, según convenio. Pinchad en las fotos y se ampliarán. Me acompañó el saltarín de la primera imagen, Xabier Igoa. Él lo hizo gratis).




miércoles, 5 de diciembre de 2007

Conversar

Nadie reparte juego en las conversaciones como nuestro amigo Antonio, la persona más atenta que conozco. Es el Guardiola de las mesas multitudinarias. Cuando hay alguien nuevo, recién llegado o que apenas conoce al resto del grupo, Antonio siempre anda atento para que no quede fuera de la conversación, se interesa por él, le pregunta, le da bola para que participe. A veces se da cuenta de que la charla va muy lanzada por terrenos que todos conocen muy bien menos la persona recién llegada y entonces aprovecha una pausa para balbucear un par de palabras ("bueno..., entonces...") y, zas, pega un pase de cuarenta metros y cambia la conversación hasta el otro lado del campo, para que la bola llegue a la persona menos integrada del grupo.

A veces esos cambios de Antonio pillan por sorpresa a todos los demás y nos partimos de risa. Un suponer: una larga conversación entre padres sobre las consultas con el pediatra se interrumpe con un balbuceo de Antonio ("bueno..., entonces..."), un giro de cuello hacia la persona que está callada desde hace diez minutos y una pregunta como "entonces, ¿son muy duras las pruebas físicas para ser guardia municipal?".

También nos reímos con el legendario juego de las sillas de Antonio: en una comida multitudinaria, a partir del segundo plato empieza a cambiarse de sitio en la mesa, se va de una punta a otra, para charlar con los de aquí y los de allá. Nos reímos, él se ríe, pero consigue romper los grupitos y que todos acabemos hablando con todos. La palabra conversar viene del latín "vivir en compañía". En eso nadie es más hábil que Antonio.

Visito a menudo la casa de Antonio y Ester (y los pequeños Juan y Fátima). Incluso la he okupado durante días y semanas. A veces me da un poco de apuro presentarme allí o quedarme a dormir: es una casa con dos niños pequeños, con sus horarios de baños y cenas, con las lloreras de rigor y el silencio cuando por fin duermen, son un padre y una madre agotados después de un día con mucho ajetreo en casa y en el trabajo. Pero es una familia de hospitalidad beduina. La última vez que dormí en Pamplona, Antonio me invitó por mail con estas palabras: "Ven siempre que quieras. Nos gusta salir de nuestras conversaciones".

domingo, 2 de diciembre de 2007

Y si llega a tener un hijo budista, qué, ¿eh?

Ya es la segunda vez que chupo rueda de David Álvarez, el que dispara balazos con tanta puntería. David es también uno de los autores de la página recienoido.com, en la que recogen "frases, murmullos, diálogos y secretos oídos en las calles de Madrid". Esto de asomarse sólo cinco segundos a la vida de los demás y luego retirarse es un ejercicio muy interesante y divertido, pero también bastante inquietante: muestra que si nos pillan en un momento aislado, cualquiera de nosotros puede parecer un loco, un atontado, un genio, un sabio o un bestia.

Además, la captura de fragmentos de conversaciones es un ejercicio adictivo. Echadle un vistazo a la página de David y ya veréis cómo en los próximos días andáis con la antena puesta. Aquí va una pieza donostiarra que cacé este sábado.

Entré en una librería-papelería, justo cuando salía un cliente. Dentro no había nadie más que los dueños de la tienda: una señora y un treintañero, que parecían madre e hijo. Escuché esto:

Madre: Y si ese hombre hubiera tenido un hijo budista, qué, ¿eh?
Hijo: Mucha casualidad habría sido, ¡mucha casualidad!
Madre: Bueno, pues tú por si acaso no digas esas cosas.

Para qué recurrir a paparruchadas paranormales ikerjimenescas, si la vida corriente está llena de enigmas apasionantes. ¿Cuál habría sido ese comentario ofensivo para el padre de un budista?

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