


La chica que aparece en las cubiertas de estos tres libros es Sofía Alface, de Mozambique. En la primera aparece con 14 años, en la segunda con 19, y en la tercera con 24. Cuando tenía 10 años fue a recoger leña con su hermana María, de 8. Pisaron una mina. María murió y Sofía perdió las dos piernas.
Sofía estará mañana en San Sebastián. Le acompañará el bosnio Adis Smajic, que perdió un ojo y una mano por culpa de otra mina cuando tenía 13 años. Sus historias son dos de las siete que recogió el periodista y fótógrafo Gervasio Sánchez en el libro
Vidas minadas (1997). Cinco años más tarde, Sánchez publicó una segunda parte en la que mostraba cómo era la vida de estas personas pasado un lustro. Y ahora presenta
Vidas minadas. Diez años después. Lo hará mañana, 13 de diciembre, a las 19.30, en la sala de actos de la Biblioteca Municipal de la Parte Vieja (la cripta, acceso por la calle San Jerónimo). Allí estarán Gervasio, Sofía y Adis.
Sánchez es uno de los fotoperiodistas internacionales más prestigiosos. En los años ochenta fotografió los conflictos de América Latina (El Salvador, Nicaragua, Colombia…). En los noventa trabajó en los Balcanes y en las guerras de África (Ruanda, Burundi, Angola, Liberia o Sierra Leona). También viajó a Timor Oriental y a Afganistán.
Además de su talento artístico y su pericia técnica, lo que realmente llama la atención es su cercanía con las víctimas. En medio del horror, Sánchez siempre se acerca a las personas. Porque le preocupan. Así de sencillo y de inusual. Le preocupaba, por ejemplo, la vida de los niños soldado que conoció en las guerrillas latinoamericanas y africanas. Junto con Chema Caballero, misionero en Sierra Leona, ideó el proyecto
Salvar a los niños soldado, para rehabilitar a estos chavales que habían pasado su infancia repartiendo y recibiendo tiros y machetazos. Publicó un libro de fotografías que relataba esas historias atroces. En 1997 terminó el primer volumen de
Vidas minadas, en el que relata la pesadilla que viven los habitantes de los países cuyos territorios han sido minados (con minas fabricadas en España, por ejemplo). La obra muestra los retratos y narra las vidas de siete personas que quedaron mutiladas en países como Camboya, Angola, Bosnia o Nicaragua, como Sofía o Adis. Y Sánchez sigue junto a estas víctimas cinco y diez años más tarde, porque le preocupa cómo avanzan esas vidas que un día fueron destrozadas por una mina.
Extraigo dos fragmentos de la entrevista que le hicieron a Gervasio Sánchez en la revista Greenpeace.
-¿Un periodista ha de tomar partido en una guerra?
-Por supuesto que sí, hay que tomar partido por las víctimas. En una guerra ya se sabe que la primera víctima es la verdad, pues para conocer la verdad lo que tienes que hacer es estar al lado de las víctimas. Porque son la única verdad incuestionable de las guerras. Cuanto más cerca estás de ellas, más cerca estás de la verdad.
-Después de tantos años viendo guerras y sufrimiento, ¿qué le anima a seguir adelante?
Mi trabajo me gusta mucho y recibo muchas compensaciones. Me relaciono con las víctimas de la guerra y eso me aporta mucho. Conozco a niños que han sido soldados y he visto cómo se reincorporan a la vida normal o forman una familia. Todo esto hace que yo no necesite ir al psicólogo. Hay colegas que trabajan en una redacción y acaban yendo a consulta porque terminan aburridos de su vida. Yo hago una balanza y en un lado sale lo peor del hombre en las guerras, pero también sale lo mejor. Ves al que se juega la vida por esconder en su casa a la hija de un vecino para que no la violen y la maten.
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