viernes, 31 de octubre de 2008

El maestro Leguineche

Una de las pequeñas consecuencias del terrorismo es el tiempo que nos hace perder. Tenemos que perder tiempo hablando y escribiendo contra las burradas y luego, de rebote, contra los mezquinos que aprovechan las burradas para exponer los delirios de su mundo de indios y vaqueros.

Así que venga: ya nos han hecho perder bastante tiempo. Volvamos a lo mejor de la vida. En esa parte me encuentro con una persona buena que además es un periodista excelente. Acaban de dar el premio Euskadi de literatura a Manu Leguineche por su libro El club de los faltos de cariño, un libro de apuntes delicioso, que casi parece un blog, aunque supongo que en el fondo el premio es un reconocimiento a su trayectoria impresionante como periodista. Me alegré muchísimo al escuchar la noticia.

Hace un par de años, gracias a Lucía, tuve la suerte de compartir comida y sobremesa con Leguineche en su casa de Brihuega (Guadalajara). La Asociación de Periodistas Vascos le había concedido un premio. Y dado que la salud de Leguineche anda bastante tocada como para hacer viajes, unos cuantos socios, entre los que me colé, fueron a Brihuega a darle el premio y a entregarle regalos y leerle cartas de mil amigos. Recuerdo las de Miguel Delibes y Javier Reverte, aunque hubo docenas. El siguiente detalle gustará a Carletto, a Charly y a otros futboleros: entre tantas emociones, cuando de verdad se le escaparon unas lágrimas fue cuando le entregaron un pequeño león de bronce que le regaló el Athletic de Bilbao.

Leguineche me impresionó. A pesar de la enfermedad, mantenía una amabilidad, una dulzura y un buen humor admirables, y, sobre todo, una retranca con la que defendía su timidez y disolvía los halagos que aquel día le cayeron encima por toneladas.


Copio el texto que escribí hace tiempo en el blog de Lucía:

"Como cualquiera que haya leído sus reportajes y sus libros, yo sabía que Leguineche es un gran reportero. No argumento esta afirmación con detalle porque se trata de la faceta más evidente y porque en realidad me interesa subrayar otra cosa.

Entre los periodistas que se mueven por el mundo (en tiempos de guerra o en tiempos de paz) hay muchos reporteros brillantes. Pero me llama la atención un detalle. Los grandes maestros (como Leguineche y Kapuściński, por ejemplo) tienen la rara habilidad de escribir en primera persona y a la vez poner el foco en las personas y las historias que tienen alrededor. Saben contar sus propias andanzas para bajar al lector a pie de tierra, envolverlo en olores, calores y polvaredas, pero en lugar de deslizarse por la cuestita del ombligo nos cuentan el mundo.

Sin conocer a Leguineche más que por sus textos y por las pocas horas del otro día, creo que en el fondo el asunto es muy sencillo: es muy buen periodista porque es muy buen tipo. De esto me han convencido sus dos libros-collage (La felicidad de la tierra y El club de los faltos de cariño –creo que casi todos coincidimos en criticar este título :- )). En esos libros recoge recuerdos de toda su carrera y su biografía, escenas de su vida en Brihuega, pequeños retratos, reflexiones, apuntes al vuelo. Me admira que un hombre que ha vivido tantas guerras y tantas historias tremendas sea capaz, a los sesenta y pico años, de acercarse con tanta ternura y con una ironía tan bondadosa a las historias minúsculas de la vida. Y me he convencido de que Leguineche ha contado así de bien las guerras porque es capaz de contar así de bien las andanzas de su gata Muki o las partidas de mus con los paisanos: sin cinismo, sin dar sermones, sin vender motos, sin colgarse medallas.

En la sobremesa del otro día, a Leguineche le cayó encima una catarata de halagos. Se emocionó con las cartas de los escritores y periodistas amigos, con los regalos, con las llamadas. Pero hubo un momento de sobredosis de alabanzas, un poco de empalago -cuánto te queremos todos, qué gran trabajo has hecho, qué lecciones de periodismo nos has dado, eres una referencia para todos- y Leguineche sacudió las moscas así: “Yo lo único que he hecho ha sido trabajar, lo demás os lo habéis imaginado vosotros”.

Dice nuestro amigo Antonio –al ver una foto que le envié de Leguineche- que sigue creyéndose eso de que la cara es el espejo del alma".

Miseria

Me recuerda Lucía lo que escribí hace meses sobre cierta actitud carroñera y miserable: "Consiste en aprovechar el foco de luz pública que se ha encendido sobre una víctima para situarse en la luz y criticar un momento a esa víctima".

(Doy gracias a Francis porque sabiamente me ha hecho eliminar los tres largos párrafos que había escrito después de éste).

jueves, 30 de octubre de 2008

Vida y muerte en Pamplona

Estudié y trabajé muchos años en la Universidad de Navarra. Allí aprendí algunas de las mejores lecciones de mi vida y conocí a profesores y compañeros formidables. Allí tengo grandes amigos. Por eso vuelvo a menudo. De hecho, iré a dar una clase dentro de un mes, ahora con muchas más ganas de las que ya tenía, para hablar a los alumnos de Periodismo de algunas pequeñas historias en las que late la vida. Lo mejor de la vida.

Los tristes sicarios de la muerte no tienen ni idea de todo esto. No pueden entender nada. Tienen el cerebro podrido de odio y mentiras. Nunca comprenderán los motivos por los que la Universidad se recuperará del golpe y seguirá trabajando, como lo ha hecho tras los seis atentados que ha sufrido. Pronto pasaremos de nuevo por ese aparcamiento en el que han puesto la bomba, por el que hemos pasado mil veces y por el que pasan cientos de estudiantes y profesores todos los días, y seguiremos trabajando por lo mejor de la vida.

(La imagen es de John Rhodes | Alberto de las Fuentes para El Mundo).

* * *

Es un día muy triste. Nos encontramos y nos hacemos compañía en los blogs: Eresfea, J., Paco, Ramón, Pacotto, Luisgui, Allendegui, Sintomático, Eric...

Atentado en la Universidad de Navarra

Un coche bomba ha estallado en la Universidad de Navarra. Si alguien anda por allí y tiene noticias, puede contarlas en Vagón-bar, donde están recogiendo información. Gracias.

Pasen y lean

-Eric se ha ido a trabajar un año a Vietnam y lamenta estar tan lejos justo hoy, cuando el centro del universo queda a cinco minutos de su casa en Irún.

-"Antes te enseñaban a ser bueno o lo intentaban...". Otra joya de Eresfea. Permitidme que insista: leedlo, leedlo, leedlo.

-Y hace un año colgué una panorámica routiere marocain.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Proyecciones

Hoy y mañana doy un par de proyecciones. Por si a alguien le interesa:

-Hoy, 29 de octubre, a las 19.30: Vespaña, dentro del ciclo El rincón del viajero, organizado por el Ayuntamiento de Bilbao. En el Centro Municipal de Distrito de Begoña (calle Circo Amateur del Club Deportivo, 2, junto al polideportivo de Txurdinaga. Metro: Basarrate).

-Bihar, urriak 30, 20.00tan. Emanaldia: Mundu-zaintzaileak. Euskal Herriko hogei sekretu txiki. Espaloia Kafe Antzokia. Elgeta.

Amigos que traen el mundo

A la vuelta de algún viaje, Arantza, mi sherpa de Aramaio, me hizo una petición hermosa desde su valle alavés: "Ven a visitarnos y tráenos el mundo".

Acabo de recibir mensajes de dos amigos que andan de viaje y tienen el detalle de traernos el mundo. Y además saben traerlo muy bien, con unas referencias muy ilustrativas.

Dani-Caravinagre
pasa unos meses en el sur de Inglaterra, haciendo un curso intensivo de inglés que probablemente le sirva para diferenciar por fin years y days, y no volver a asustar a nadie explicando que llevábamos dos years en Groenlandia sin poder tomar el avión de regreso. Pues bien, Dani se ha escapado unos días a Escocia y ayer un escocés le explicó, así en frío, que las diferencias entre el idioma gaélico escocés y el gaélico irlandés son... "como las diferencias entre Osasuna y la Real Sociedad": notorias para los locales pero imperceptibles para los foráneos. Toma ya. (Yo añadiría que tanto los idiomas como los equipos corren grave riesgo de desaparición, unos más que otros, pero dejemos las analogías y los chistes para los comentarios).

Dani, además, ha bautizado las comarcas cercanas a Glasgow como ¡Nueva Ultzama del Norte! Dice que si bautizaron como Nueva Escocia un territorio en Canadá y como Nueva Escocia del Sur otro en Nueva Zelanda, por qué él no va a tener derecho. Aplaudo con las orejas.

Mientras tanto, Josema anda por Ecuador recorriendo el país y subiendo volcanes. A los pocos días de llegar intentó subir al Cotopaxi (5.897 metros). Cuando llegó a los 5.700 metros, decidió darse la vuelta porque entró una niebla muy cerrada. Además, tenía frío y sentía un fuerte malestar por culpa de la altitud. "Me precipité con la altitud", explica. "El malestar era como una resaca tras las Feria de Santo Tomás". Es una resaca muy precisa.

Unos días más tarde se acercó al volcán Chimborazo (6.310 m. y un dato curioso: es el punto más alejado del centro de la Tierra; venga, dadle unas vueltas al tema). Pasó varias jornadas en los alrededores, dando paseos y durmiendo en pueblos a 4.000 metros y en un refugio a 5.000. Ya no le dolía la cabeza ni la tripa ni nada: aclimatación ideal. Pero al despertarse se encontró una sorpresa: "No ha parado de nevar en toda la noche, y claro, se tapa la huella y la montaña se carga de nieve. Me ha dicho el guarda del refugio que no cree que se acerque nadie por lo menos en dos días, hasta que se endurezca la nieve. ¿Qué hago? Tooo pa bajo. ¿Me estaré haciendo mayor? Lo digo porque si esto me hubiera ocurrido hace diez años, me hubiera dado mucha más rabia. Creo que empiezo a ver las situaciones desde otro punto de vista".

Ahora Josema está en Riobamba. "No hago más que ver `hornados' y 'salchipapas', qué lujo. Las salchipapas me imagino que equivalen al lomo-pi-qué del Juantxo, por lo menos". (Traduzco: bocadillo de lomo, pimientos y queso del bar Juantxo, en la Parte Vieja donostiarra).

Y así pasamos el rato, un poco en Glasgow y un poco en el Chimborazo.

lunes, 27 de octubre de 2008

Viaje al cero


Después de la precisión léxica de la zaborra, llega otro alarde de precisión navarra: la altitud del pueblo de Roncal medida en milímetros.

Me gusta fijarme en las placas viejas que indican las altitudes en las estaciones de tren, porque son exhibiciones de precisión anteriores a la época de los satélites y el gps, cifras de latón gastadas que evocan el trabajo manual de los cartógrafos y los topógrafos, con sus teodolitos y sus lápices. Yo al menos me los imagino así, muy serios, muy rigurosos, muy decimonónicos, calculando ángulos y distancias, entregados a la impresionante misión de medir el mundo. Las cifras de esas placas suelen incluir un decimal, que ya es hilar fino (tan fino como que habría que cambiar esa cifra si la placa se colocase una pizca más arriba o más abajo).

Por eso me fascinó esta placa roncalesa con tres decimales, un alarde de precisión entre lo sublime y lo patológico. Porque, veamos, ¿qué punto es el que está exactamente a 695,232 metros sobre el nivel del mar? El propio dígito de los milímetros (el 2) es lo suficientemente grande como para que la medida sea distinta en su parte superior y en la inferior. ¿Será el punto de la abreviatura m. el que está a 695,232 metros? ¿Será el ojo de la cabeza del moro que aparece en el escudo de Roncal? ¿Será el punto de la silla donde apoya su trasero el alcalde?

El punto cero que sirve de referencia sí que está claramente establecido, tanto en Roncal como en las estaciones de tren y en todas las medidas españolas en general: el nivel medio del mar en Alicante. ¿Por qué en Alicante? Nunca lo he sabido. ¿Y lo del "nivel medio del mar"? Claro, es que el mar sube y baja. ¿Cuál es el punto cero? ¿El del mar a las seis de la mañana o a las ocho de la tarde? Después de cálculos complicados sobre la altura de las mareas, establecieron un nivel medio. Creo que tenemos algún lector alicantino que podría sacarse una foto en ese punto. Yo estoy deseando pasar por allí para pisarlo: viaje al cero.

* * *
Acabo de descubrirlo: esta noticia relata los motivos por los que en 1870 escogieron el mar de Alicante como nivel cero, y la asombrosa historia del funcionario que durante tres años y medio registró la altitud del mar cuatro veces al día. Una vez establecido el cero, colocaron un disco de bronce en la escalera del Ayuntamiento con la inscripción NP-1 ("nivel de precisión 1"), situado a 3,407 metros de altitud, y desde allí empezaron a tomar las medidas de altitud de toda España. Los tres decimales son bien importantes, porque un pequeño error en la referencia inicial produciría un desvío cada vez mayor en las siguientes mediciones. ¿Cuánto tardarían los topógrafos en triangular un punto y otro y otro y otro hasta llegar a Roncal? No me digáis que aquí no hay un viaje.

* * *
Algunos mares son más altos que otros (por cuestiones de gravedad, por la forma irregular de la tierra...). Si alguien quiere conocer la diferencia del nivel del mar entre Alicante y Santander, puede buscarla en la fachada del Ayuntamiento de Pamplona. Según mi memoria, esa diferencia entre el Cantábrico y el Mediterráneo es de 80 centímetros, pero no recuerdo qué mar es el más alto. Si algún lector pamplonés se acerca por allí y nos dice las dos cifras exactas...

* * *
Escribiendo todo esto me he acordado de que en realidad nunca conseguimos pisar el punto más bajo de Australia. Para explicarlo, copio un párrafo de Los sótanos del mundo:

"Australia es rara hasta para determinar su punto más bajo. Las depresiones suelen estar cubiertas por lagos o masas de agua, y entonces los cartógrafos establecen que el punto más bajo de la región se sitúa en la orilla de esos lagos. Esa orilla puede retroceder o avanzar con el paso de los años, de modo que la cifra nunca es definitiva. Pero en Australia el caso resulta todavía más complicado: ¿dónde fijamos el punto más bajo en esta depresión del Eyre, que a ratos permanece inundada por un lago caprichoso? Si los geógrafos hubieran seguido el criterio común, el punto más bajo sería la orilla del lago Eyre cuando está inundado: exactamente donde hemos clavado nuestras tiendas de campaña, 12 metros bajo el nivel del mar. Pero los cartógrafos juzgaron que lo propio del Eyre es que permanezca seco, las inundaciones son una excepción. Así, consideraron que el punto más bajo de Australia se debía fijar en el punto más bajo del lecho seco del lago Eyre. Y después de una serie de medidas complicadísimas, establecieron que en el fondo de tres bahías meridionales del lago se alcanzaba la misma cifra: 14,8 metros bajo el nivel del mar. De modo que el punto más bajo de Australia son tres: las bahías de Belt, Jackboot y Madigan. Tampoco así se cierra la sentencia definitiva: la sal sigue acumulándose con cada inundación y rellena poco a poco esos puntos más bajos, por lo que cada vez son menos profundos. Y ahora, en noviembre de 2000, esos tres puntos permanecen sumergidos bajo metro y medio de agua: nadie podrá pisarlos hasta que se evapore".

jueves, 23 de octubre de 2008

La zaborra precisa


(Cartel en Jaurrieta)

No sabía que la zaborra navarra fuera tan precisa. En euskera, zaborra significa basura, sin entrar en detalles. Y un vertedero, como el que señala este cartel, es un zabortegi. Pero en el valle de Salazar descubrí que para aquellos nativos pirenaicos la zaborra es algo mucho más específico. De la precisión léxica puede depender alguna multa, así que el asunto es serio: ¿qué es lo que está prohibido arrojar aquí, además de cascotes, piedra, tierra y hormigones?

Siempre me hizo gracia escuchar a un navarro castellanoparlante quejarse porque le había entrado una zaborrica en el ojo. Supongo que es una huella del euskera en el castellano de Navarra, como las hay tantas. El diccionario de la RAE recoge la palabra y dice que viene del latín saburra. Al parecer, en Aragón y en Andalucía el término se utiliza para referirse a piedras menudas.

¿Y en Navarra? Según la RAE, zaborra es un término coloquial navarro para designar la "suciedad formada por barro seco, restos vegetales, etc".

Hay riqueza hasta en la basura. Si supieran aprovecharla y aprendieran a llamar a las cosas por su nombre, dejarían de ciriquear tanto.

P.D.1: Como para no tener fuero propio (obra de nuestro navarrísimo).

P.D.2: He dicho que en euskera zaborra es basura y punto. Pero no. En el diccionario Hiztegia 3000 leo, sorprendido, que la primera acepción de zabor es "suciedad que flota sobre las aguas". No tenía ni idea. ¿Algún irakurle de este blog lo sabía? Luego resulta que el diccionario Elhuyar no recoge nada parecido. Dice que zaborra es "desecho, residuo, basura, resto, despojo". Contempla otras acepciones: "zarza, matorral, maleza"; "escombro"; "partícula de suciedad que entra en el ojo" (¡la conexión navarra!); "basura"; y, en Iparralde, "piedrecilla, grava".

P.D.3: Sigo indagando y leo que en latín saburra era el lastre de un navío y que en castellano es un término médico para designar la secreción mucosa espesa que se acumula en las paredes del estómago y también la capa blanquecina que cubre la lengua, causada por dicha secreción. Un asco, vamos.


Proxenetas contradictorios


Sería más lógico que el neón dijera "No te prives".

Validos

(Foto sacada en el valle de Salazar).

Que no salte la alarma. A falta de tildes, pensemos que quizá la palabra sea llana y que en la residencia vivan Álvaro de Luna, Juan Pacheco, Juan José de Austria, el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares, bastante arrugaditos ya.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Noticia importante

El lunes recibí un mensaje de Bea, la madre de mi preciosísima ahijada Lucía. Decía así:

"Noticia importante:

LUCÍA SE HA CORTADO EL PELO

Estoy agotada de titulares enormes, así que he decidido poner en circulación mis pequeñas noticias. También creo que esa mirada arregla muchos lunes.
Un abrazo a todos,
Bea".

lunes, 20 de octubre de 2008

No es país para facebooks (3): avisos en Izal

El pueblecito salacenco de Izal está en el fondo de un circo montañoso, al que sólo se puede entrar por un desfiladero. Es una aldea pequeña, aislada, pero conserva una arquitectura imponente: un conjunto de casonas de piedra con puertas doveladas y ventanas geminadas, y el único hórreo de todo el valle. Estaba fotografiando una de las casas cuando apareció el dueño, un hombre de unos 70 años.


-(Carraspeo). Qué casa tan bonita.
-Bah, yo le prendía fuego.
-¿Y eso?
-Bah...
-Pero menudos muros, y menuda puerta tiene, con ese arco. Y esa ventana es señal de que la casa es buena, ¿eh?, una casa noble...
-Antes la ventana era una ventana doble, porque tenía un pilarico de piedra en medio. Ya ves que le falta, ¿no? [Recordé dos de mis palabras favoritas: parteluz y ajimez, que además dan muchos puntos en el scrabble]. Hace años, en esa habitación hicimos una cocina y entonces a la ventana le rompimos el pilarico del medio para que entrara más luz. Antes no se le daba importancia a estas cosas. Algún día lo volveré a poner, que ya se ve que es una cosa valiosa.
-Sí, la ventana es muy bonita.
-Lo que importa es que de la ventana para adentro haya comida.

Después de visitar Izal quería subir a la ermita de Nuestra Señora de Arburúa, del siglo XVI, colgada 400 metros sobre el valle de Salazar, un mirador estupendo.


(A la izquierda y abajo, el pueblo de Izal. A la derecha y arriba, la ermita de Arburúa. Haced clic para ampliar la imagen)

A la entrada del pueblo había visto una pista hacia Arburúa y pregunté al hombre qué tal estaba ese camino.

-¿Tienes un todoterreno?
-No, una furgoneta vieja.
-Bueno, la pista es de piedra y le han hecho unas zanjas para que corra el agua, pero si vas despacio y metiendo las ruedas con cuidado, yo creo que podrás subir.
Interviene otro vecino:
-¿Tú no subiste una vez con el doscaballos?
-Sí, hace años.
-Bueno -digo yo-, pues si usted subió con el doscaballos yo creo que podré subir con la furgoneta.
-Claro que sí. Lo único, cuando llegues a la ermita, pega un campanazo para que sepamos que has llegado.

Me metí por la pista y empecé a subir en primera por una cuesta de grava muy empinada y plagada de pedruscos y socavones. Qué digo socavones, si en alguno de esos agujeros yo creo que podría vivir una familia. A los cien metros ya me había asustado. Temía pegarle un golpetazo a los bajos o atascar las ruedas en alguna de las zanjas estrechas. Pensé que la furgoneta se iba a quedar allí para siempre. Pero tampoco podía darme la vuelta, porque el camino era estrecho y asomado a un pequeño talud, así que seguí para arriba, sudando frío, y recorrí medio kilómetro eterno hasta que encontré un pequeño ensanchamiento de la pista, lo justo para maniobrar -muchas veces- y dar la vuelta. Aparqué la furgoneta bien arrimada al talud, mirando pista abajo, y eché a andar hacia la ermita. El camino tampoco era tan largo como me habían dicho: bastaba una hora y cuarto para subir y bajar andando, entre pinos, robles y bojes.

A la ermita de Arburúa, renovada y reluciente, llegan el primer domingo de junio las procesiones de los siete pueblos del sur de Salazar (Uscarrés, Igal, Izal, Güesa, Iciz, Gallués y Ripalda). Por eso le llaman la romería de las Siete Cruces. Pasé veinte minutos en la cumbre, contando cuántos de esos pueblos se podían ver desparramados por el valle, contemplando el arranque de los Pirineos hacia el norte y la sierra de Arangoiti hacia el sur. Luego recordé que debía mandarles el mensaje de mi supervivencia a los dos hombres de Izal y me conecté al wifi de Arburúa (siempre tiene cobertura): tiré del cable y pegué tres campanazos alegres que resonaron de ladera a ladera en el circo de Izal.


(El messenger de Arburúa)

domingo, 19 de octubre de 2008

Abodi (2), el tercer versículo

Luego se retiró la niebla y aparecieron los bosques.







viernes, 17 de octubre de 2008

Abodi (1): paseo de la luna al sol

Ayer a las ocho de la mañana caminé por los altos de Abodi (altitud: 1.400-1.500 metros) y a mi espalda quedaba la luna llena. A esas horas ya estaba lejana y pequeña, pero durante la noche, vista desde el ventanuco de la furgoneta, parecía un gigantesco anuncio de queso roncalés brillando sobre los Pirineos.


Delante de mí estaba el sol, peleando por asomar entre la niebla.


A mi izquierda, los fiordos de niebla que inundaban la selva de Irati.


Ayer en Abodi a las ocho de la mañana, caminando entre la luna y el sol, palpando con las botas las praderas empapadas y mullidas, empecé a sentirme ligero, muy ligero, tan ligero que me parecía flotar. Creí que iba a volar pero en realidad era un leve bajón de azúcar. Apenas había desayunado una pera y un melocotón antes de echar a andar, y mi organismo es de alto consumo energético (el término científico es tragaldabas). Paré un momento, comí dos barritas de cereales y dos puñados de pasas sultanas, y caminé hasta el collado de las Alforjas (1.430 metros), donde un poste me indicó el camino para pasar, agachando un poco la cabeza, entre el cielo y la tierra.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Que viene internet


Internet es tan poderoso que ya llega hasta Abaurrea Alta, el pueblo más elevado de Navarra (1.032 metros).

El redactor de este cartel es un maestro que sabe tocar las teclas precisas:

1) expectación circense ("hemos venido a visitar Abaurrea Alta"),
2) prevención de temores ("no se necesita saber nada"),
3) estímulo local ("os mostramos fotos del pueblo en internet") y
4) un toque de misteriosa omnipotencia ("podemos buscar información sobre cualquier tema").

Bravo por la unidad móvil de internet. Ahí hay un reportaje.

De Chiquirrín a don


Calle dedicada a Francisco Eguinoa, Chiquirrín, un indiano de Garaioa que hizo fortuna en Argentina y pagó una escuela para niñas, el empedrado de las calles y una fuente con abrevadero en su valle de Aezkoa.

sábado, 11 de octubre de 2008

La mejor comida del año

El miércoles al mediodía recorrí los hayedos de Lauzaran (foto 1), bajé al barranco de Itolatz, subí a buscar el castillo de Arlekia (foto 2: unos enigmáticos muros medio derruidos, camuflados entre la vegetación como una ruina camboyana, que posiblemente datan de tiempos romanos) y bajé de nuevo hacia los restos de la Real Fábrica de Municiones de Hierro de Orbaizeta.




En Lauzaran, y antes en Azpegi y en Harpea, me habían caído chaparrones esporádicos durante toda la mañana. Cuando bajaba de Arlekia, ya a las dos de la tarde, empezó a jarrear. Llegué corriendo bajo el diluvio a la plaza de la Fábrica de Orbaizeta y me metí en la furgo. Me quité toda la ropa mojada por lluvias y sudores, me puse ropa seca, saqué el hornillo y un cazo, y calenté el potaje de lentejas preparado la víspera en la olla exprés.


Después de comer, coloqué las tablas y las colchonetas, me tumbé, me arropé con el saco y me quedé frito quince o veinte minutos. Me desperté con el repiqueteo del chaparrón sobre el techo de la furgoneta y en ese momento no deseé nada más.

viernes, 10 de octubre de 2008

Hace un año: Sotp.

Hace un año encontramos esta joya: una intervención artística plantada directamente sobre la ruda cotidianeidad, una apuesta tan lírica como inquietante que se clava en el tuétano de la rutina y los atascos de tráfico, atascos que son metáfora de los colapsos mentales de nuestra sociedad satisfecha pero desnortada. Esta obra arriesgada hace tambalearse la mirada clásica y plantea un diálogo a pie de asfalto entre el artista y el conductor, con una contundencia que no se recordaba desde tiempos de El Fary.


(Que nadie busque la obra: al poco tiempo, algún capataz embrutecido ordenó transformarla en un irrelevante stop. Sin embargo, el anónimo autor del sotp debe saber que agitó nuestras almas, nuestros abdominales y nuestras mandíbulas).


miércoles, 8 de octubre de 2008

Advertencia leal contra los libros de viajes

Me voy un par de días a patearme los rincones del valle navarro de Aézcoa. Pretendo subir a una montaña coronada por los restos de una torre romana, caminar por la segunda mayor selva de Europa, asomarme a varias cuevas, visitar una vieja fábrica de armas comida por la vegetación, ver hórreos y estelas, charlar con los habitantes del valle. ¿Para qué? Para reducirlo todo a unos cuantos centímetros cuadrados de superficie literaria.

Os dejo con el prólogo de Aventuras de una peseta, un libro viajero que escribió Julio Camba en 1942:

"Advertencia leal contra los libros de viajes

Hay quien envidia la suerte del escritor viajero.

-¡Las cosas que verán tales hombres en este mundo! -piensan algunas personas.

Pero en este mundo, y supongo que en todos, el pobre escritor no ve más cosa que una: artículos. Para la mayoría de las gentes, el desierto es el desierto, y el bosque es el bosque. Para el escritor, en cambio, el desierto es una crónica, y el bosque es otra crónica. Usted, amigo lector, me deja a mí frente al mar, pongamos por caso, mientras va a darse un pequeño paseo, y cuando vuelva, ¿qué creerá usted que he hecho yo con la azul inmensidad? Pues exactamente lo mismo que hubiera hecho con una iglesia románica, con un par de calcetines, con un discurso del Sr. Lerroux, con una puesta de sol o con un nuevo procedimiento para combatir la tuberculosis: la habré cogido y la habré transformado, reduciéndola a una superficie literaria de 150 centímetros cuadrados, poco más o menos.

(...)

El diabético convierte en azúcar todo lo que ingiere, el hepático lo transforma en bilis, y el escritor lo reduce a literatura, ya biliosa o ya azucarada. ¡Y aún hay quien aspira a conocer el mundo a través de los libros de viajes!

Los libros de viajes son una impostura, porque el escritor, que sólo ve sin prejuicios las cosas de que no habla, esto es, las cosas de una elaboración literaria más difícil, habla únicamente de las cosas que no ve, es decir, que no ve como tales cosas, sino como crónicas periodísticas o como capítulos de novelas. De mí sé decir, por ejemplo, que, obligado a veces a hacer un artículo, y disponiendo de una catedral gótica que había visitado momentos antes,y de la levita del gerente del hotel como materiales a elaborar, me he decidido por la levita del gerente y he despreciado la catedral gótica. Para cualquier tendero veraneante, aquella catedral, en cuya construcción habían trabajado sin descanso quince generaciones sucesivas de obreros y artífices, hubiera representado infinítamente más que una levita. Para el escritor, en cambio, la levita tenía mayor interés, y no porque fuera una levita maravillosa, sino porque era una levita grotesca.

Decididamente, si hay un modo peor de ver el mundo que como escritor viajero, es como lector de las impresiones de los escritores viajeros. Advirtámoslo sinceramente en el pórtico de este libro de viajes".

martes, 7 de octubre de 2008

Zzzzz

Hace un año, Francis me demostró su confianzzzzzza.

lunes, 6 de octubre de 2008

Fútbol inuit

Si en mi lecho de muerte echo en falta un par de horas para rematar algo, lamentaré las que perdí el pasado sábado viendo el horrendo Sevilla Atlético-Real Sociedad (1-0). Aquel caos de patadones sin rumbo, tropezones y movimientos descoordinados me recordó primero a un balet de monos y después a los inicios del fútbol esquimal.



"Ese año había en la Compañía un empleado escocés por el que los niños sentían un cariño especial. En verano decidió enseñar a los nativos a jugar al fútbol de verdad, no a su variante, que consistía en que todos los miembros de la comunidad, abuelas incluidas, tuviesen una oportunidad de patear la pelota en todas las direcciones posibles. Se había traído de Escocia un balón de fútbol reglamentario y, después de escoger la mejor extensión de terreno llano y cubierto de tundra que había entre nuestra casa y el antiguo puesto de la Compañía Comercial de Baffin, su amigo Kovianaktiliak y él clavaron dos pares de postes con una vieja red de pesca tensada entre ellos para que sirviesen de porterías. ¡Se acabaron las tonterías!

Hizo acudir a los jóvenes, chicos y chicas, que le observaban entre risas y ocasionales patadas al balón. Con gran seriedad les hizo parar y los dividió en dos bandos de once jugadores cada uno. John y Sam [los dos hijos pequeños del narrador] presenciaban los preliminares con gran expectación.

Para empezar el partido, dio un toque de silbato. No pasó nada, así que pito otra vez, y otra, hasta tres veces más. Los dos equipos se pusieron a bailar, intentando seguir el ritmo de los pitidos.

-¡No, no! -gritó el escocés-. Venid, os enseñaré.

Cogió a dos chicos y una chica y los dispuso como defensa frente a una de las porterías, después disparó la pelota hacia ellos con destreza. Los chavales se apartaron cortésmente para dejarla pasar.

-¡Eh, Tomasi! -le gritó al intérprete de la Compañía-. Hazme el favor de aclararles las cosas a estos jugadores, ¡cuéntales lo de los equipos, la defensa, el ataque!

Tomasi le escuchó y después explicó a los presentes en inuktitut algunas reglas del juego. Le dijo al escocés:

-Ya lo han entendido. ¡Empecemos!

Con otro toque de silbato el partido comenzó en serio, aunque no de la manera en que el árbitro lo había planeado. Nuestro hijo John, que entonces tenía cinco años, se incorporó al juego, y Sam, que no se pensaba las cosas dos veces a pesar de contar con tres años de edad, salió en pos de él, dispuesto a todo. El escocés, entusiasta del fútbol serio, se llevó las manos a la cabeza cuando vio a unas cuantas ancianas lanzarse al campo para propinarle su patada a la pelota. Luego se apuntaron hombres maduros y mujeres con niños en las capuchas, seguidos de varios cachorrilos de husky que se creían jugadores.

Saltaba a la vista que para John y Sam se trataba del mejor juego del mundo. A nadie le interesaba si había dos bandos y hacían caso omiso de las porterías. Su única meta era darle una buena patada a ese nuevo balón de fútbol escocés.

Si su primera impresión es que este juego no era más que un rudo entretenimiento, se equivocan. Es cierto que la base del juego no era un equipo en pugna contra otro, ni tampoco desde luego una persona contra otra. Ése no era el estilo de los inuit. El objetivo era dar lo mejor de sí mismos mediante intentos rápidos y habilidosos por controlar o disparar la pelota. No intentaban vencer a sus vecinos, ¿por qué iban a hacer algo semejante? Dependían de sus vecinos, quienes a su vez dependían de ellos. Además, vencer a otra persona no supondría para nadie más que un bochorno vergonzoso".

James Houston, Memorias del Ártico. Mi vida con los inuit. (Alba editorial, 2000).

En las dos siguientes fotos, también de Dani Burgui, podéis ver un entrenamiento del TM-62, equipo de fútbol de Kulusuk. El TM-62, que se entrena en el salón comunitario del pueblo, obtuvo su mayor gloria en el 2007, cuando alcanzó las semifinales del campeonato de Groenlandia y fue eliminado por un error arbitral.





Y en la siguiente foto podéis verme acosando a un habilidoso lateral groenlandés, en el partido disputado sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto internacional de Kulusuk.



Más fotos groenlandesas de Dani Burgui.

Caída con la vespa

domingo, 5 de octubre de 2008

Pequeño artefacto

Unos cuantos medios contaron en sus titulares que ETA había hecho estallar "un pequeño artefacto" en los juzgados de Tolosa.

(La foto estaba aquí)

Manteniendo ese criterio, imagino la narración de los hechos si al guardia jurado que salió unos minutos antes le hubiera pillado la bomba: "La explosión del pequeño artefacto arrancó una pierna y reventó los ojos al guardia jurado. Pero podía haber sido peor". Y un editorial que se solidarizara con la víctima y tratara de animarlo quitando hierro: "Vamos, machote, que no es para tanto".

sábado, 4 de octubre de 2008

Hace un año

Hace un año, este blog arrancó a la primera.

jueves, 2 de octubre de 2008

Emancipación

Según leí en un titular de ayer, una persona que tenga entre 18 y 34 años necesita ganar 3.300 euros al mes para emanciparse. Leí un poco más y descubrí que para los redactores emanciparse equivale a poseer una vivienda en propiedad (eso sí: con una hipoteca monstruosa que al parecer es la que proporciona libertad).

Dice la RAE: "Emanciparse: 2. Liberarse de cualquier clase de subordinación o dependencia".

Digo yo: tirurí, tirurí.

* * *

Me acordé de algunas cosas que decía el escritor Pako Aristi en una entrevista:

"El derecho a la vivienda es la reivindicación más burguesa que he escuchado jamás. Hasta ahora, la gente no ha tenido dinero para comprar una casa, o la ha comprado tarde. Los jóvenes deben pedir que les suban los sueldos al nivel del coste de la vida, por supuesto, pero ¿derecho a la vivienda? ¡Por favor!".

"Me gusta cobrar por lo que hago, no ganar dinero. Funciono a la caribeña: no vuelvo al trabajo hasta que se me acaba lo cobrado. Sin embargo, pasan muchos más apuros económicos que yo aquellas personas que tienen la vida organizada en torno al dinero".

Vidas minadas en Donostia

Hace un tiempo hablamos aquí del periodista Gervasio Sánchez y su proyecto Vidas minadas, que recoge las historias de algunas personas mutiladas por las minas y su evolución al cabo de cinco y diez años. La casa de cultura Okendo, en el barrio donostiarra de Gros, acoge hasta el 12 de octubre una exposición con las fotografías de Vidas minadas. Merece la pena darse una vuelta.

(Más información sobre Vidas minadas).

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